miércoles, julio 29, 2015

Mi problema con las artes marciales

Hace tres años que practico artes marciales, y tengo un problema.

Mi problema no es la falta de coordinación que me aqueja desde mi más tierna infancia y que ocasionaba que, cuando nos obligaban a jugar a futbol en las clases de educación física (en las que sacaba mis peores calificaciones), los capitanes de equipo eligieran antes al chico con muletas que a mí.

Mi problema no es mi bondad intrínseca, el corazón de oro que provoca en mí una profunda reticencia a hacer daño a ser vivo alguno, y menos aún a un miembro de la entrañable especie humana.

Mi problema no es mi dificultad parasuperar mi aversión natural a arrimarme a señores sudorosos y magrearlos en vez de huir de ellos.

No, mi problema con las artes marciales son los pantalones blancos. Los del karategi. Comúnmente llamado kimono. El uniforme, pues. Que, en la disciplina que practico, es blanco, por más señas. Al final de la clase, el pantalón acaba casi invariablemente con una tenue pero sonrojante mancha pardusca en la parte posterior.

El lector receloso pensará que esto se debe sin duda a una higiene deficiente por parte de un servidor. Se equivoca. Antes de clase, tengo buen cuidado en frotarme por ahí con admirable esmero y, aun a riesgo de atascar el desagüe, con alguna que otra toallita húmeda. Por si fuera poco, me pongo doble calzoncillo, como medida adicional.

Pero es inútil. Cuando me quito el pantalón y le doy la vuelta, siempre con un pequeño rayo de esperanza, me derrumbo al comprobar la ineluctabilidad del destino. Por fortuna, mis compañeros en el dojo han tenido la delicadeza de no comentar nada al respecto. Al menos en mi cara. Para no irritar más de la cuenta a la señora que vive conmigo, en cuanto llego a casa me pongo a restregar laboriosamente la prenda en el lavadero a fin de borrar la vergonzosa mácula en la medida de lo posible.

No descarto la posibilidad de que la implacable mancha sea consecuencia de mi alimentación o del miedo que paso en el tatami. De cualquier modo, agradeceré al lector cualquier sugerencia que me ayude a superar tan angustioso problema.





1 comentario:

Zapiol dijo...

El problema es que lo que vierte en sus pantalones del quimono lo vierte también en su blog.