sábado, junio 06, 2015

Los viejecitos australianos son los putos amos

El otro día, la señora que vive conmigo y yo fuimos al estadio olímpico de Montjuïc a ver tocar a AC/DC, que, para los jóvenes que no lo sepan, es un célebre grupo australiano de rock duro que data de la antigüedad, concretamente de la década de los 70 del pasado siglo.

Una puesta en escena espectacular, con luces de colores, pantallas gigantes, pirotecnia e incluso cañones como en la Obertura 1812, acompañó la impecable actuación del grupo. Aunque casi todos sus miembros son sexagenarios (algunos casi setentones), mantienen una vitalidad envidiable (al menos para este cuarentón que les habla) y a mi juicio encarnan a la perfección las cualidades más esenciales del rock, que están en las antípodas de esa languidez pseudonaïf e intelectualoide de los hipsters postmodernos: potencia, vigor, irreverencia y una actitud gamberra y ligeramente mónguer (sin ánimo de ofender).

Mismas cualidades que encontramos, curiosamente, en la reciente película Mad Max: Fury Road, del también australiano (este septuagenario) George Miller, responsable también de las películas originales del guerrero de la autopista, estrenadas en los setenta y ochenta. El filme (como el concierto) es una agresión constante a los sentidos. Es una interminable secuencia de acción interrumpida por brevísimos momentos de calma que apenas sirven para tomarse un respiro. Pese a ser una superproducción con superestrellas como Charlize Theron o (en menor medida) Tom Hardy, se salta a la torera los convencionalismos narrativos hollywoodienses, lo que provoca, sobre todo durante la primera hora, una sensación de desconcierto en el espectador, que se ve inmerso en medio de la acción desenfrenada sin explicaciones previas sobre el contexto, una distopía futurista cuyas reglas y estructura tendrá que ir descubriendo a partir de las pistas diseminadas que se le dan a lo largo de la película. Al igual que los rockeros, Miller prescinde en lo posible de la tecnología digital, y filma complicadas coreografías con decenas de vehículos, a cual más estrambótico.

Ni la música de AC/DC ni Mad Max: Fury Road son obras sesudas, profundas o tremendamente estimulantes para el intelecto. Son adrenalina pura. Y demuestran que los viejitos australianos (entre muchos otros) pueden dar más de una lección de nervio y fuerza a los jóvenes artistas modernos.



He aquí el magistral solo que Angus Young interpretó en el concierto. Para quien no le haya quedado muy claro a qué me refiero con "actitud ligeramente mónguer".

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