martes, junio 09, 2015

Antivacunas

El caso de un niño de Olot que ha contraído la difteria (enfermedad prácticamente erradicada en Europa occidental) porque sus padres son contrarios a las vacunas ha abierto un debate que no debería existir. Por lo visto en España las vacunas no son obligatorias, a diferencia, por ejemplo, del cinturón de seguridad, pese a que este solo protege a quien lo usa y en cambio las vacunas protegen a la comunidad entera. Sí, siempre hay un riesgo de que las vacunas produzcan efectos adversos, pero es un riesgo muy, muy pequeño, mientras que buena parte de las enfermedades contra las que protegen son potencialmente mucho más dañinas. En la publicidad y los medios se da mucha importancia a "reforzar las defensas" del organismo. Pues la mejor manera no es con yogures, bífidus o aceite de tomillo y eucalipto, sino vacunándose. Ironías de la vida: las vacunas sí son obligatorias para los perros.

Algunos de los que viven en un entorno protegido contra epidemias terribles tienden a dar por sentado que esa situación es "natural" y olvidan que, de no ser por las vacunas y la medicina moderna en general, las cosas serían muy distintas. Es una especie de adanismo que idealiza un pasado en el que todos vivíamos más sanos y felices, en comunión con la Madre Naturaleza, sin estar sujetos a la esclavitud de la tecnología moderna ni a los diversos venenos que nos administran a diario las pérfidas multinacionales, cuya política empresarial parece ser la de enriquecerse aniquilando a todos sus clientes. Un pasado idílico que, huelga decirlo, no tiene nada que ver con el real, en el que las plagas devastaban a la población y la mortalidad infantil era muy elevada. Cosa que, por desgracia aún ocurre en algunos países donde el acceso a la sanidad y las vacunas es muy limitado.

Aunque estemos sometidos a estrés, ruido y contaminación, quienes vivimos en sociedades más o menos desarrolladas llevamos una existencia mucho más fácil y agradable que la de nuestros antepasados. No tener esto bien presente es hacer un flaco favor a su memoria. Y un auténtico insulto para quienes hoy en día siguen sin tener acceso a ese bienestar.

Otro tema es que quizá acabemos aniquilándonos como especie con el CO2. Pero no mezclemos las cosas.

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