sábado, junio 20, 2015

Oh, mi Dios!

Al parecer, este video (entre otros muchos) de las mexicanas Fátima y Regina, que parodian doblajes latinoamericanos, se ha hecho viral. Y ya era hora, carajo. Muchos de esos doblajes son lastimosos. Las dos adolescentes imitan de manera magistral la forma de hablar titubeante y llorosa de los actores de doblaje (en mis tiempos creo recordar que eran bastante mejores), un intento, supongo, de reproducir la entonación de los estadounidenses a quienes doblan y que no tiene mucho que ver con la que se usa en el español de la calle.

Sin embargo, como persona que se dedica profesionalmente a la cosa, quiero centrarme en la cuestión de la traducción. He notado una tendencia muy marcada por parte del traductor de doblaje latinoamericano a calcar las construcciones del inglés, bien por pereza, bien por una especie de malinchismo inconsciente que lo lleva a creer que la forma de hablar de sus compatriotas es vulgar y que en realidad deberíamos adoptar un español mucho más próximo al idioma de los vecinos del norte, y por tanto, más "culto". En el video tenemos el ejemplo de "oh, mi Dios" o "estábamos en medio del océano", frases que ningún hablante del español diría espontáneamente. Al menos, ningún hablante de hace unos diez o quince años. Y es que me temo que los doblajes descuidados son responsables de que se hayan popularizado construcciones ajenas al espíritu de la lengua, como por ejemplo "amo este vestido", aunque no descarto que algunas de ellas hayan seguido el camino inverso y, antes de generalizarse en el doblaje, se hayan introducido en el habla por otros medios, dada la gran proximidad e influencia cultural de Estados Unidos.

Los doblajes hechos en España tampoco se libran de este fenómeno. La expresión "tener sexo" (como sinónimo de "mantener relaciones sexuales"), antes inexistente, se ha extendido tanto en el lenguaje popular como en el periodístico por culpa, sospecho, de la dejadez de los traductores.

Creo que sería muy necesario replantearse la forma de realizar estos doblajes (sé que algunos serían partidarios de eliminarlos por completo, pero ese es otro debate), no solo por "proteger la pureza" del español, sino, sobre todo, por evitar que, en el producto final, los personajes o el narrador empleen un lenguaje tan artificial y estrambótico que desvíe la atención del espectador de lo importante, que es el contenido de la obra. Si la ridiculización despiadada de Fátima y Regina, además de hacernos reír, sirve para cambiar la actitud de los estudios y los profesionales del doblaje, muy bienvenida sea.

martes, junio 09, 2015

Antivacunas

El caso de un niño de Olot que ha contraído la difteria (enfermedad prácticamente erradicada en Europa occidental) porque sus padres son contrarios a las vacunas ha abierto un debate que no debería existir. Por lo visto en España las vacunas no son obligatorias, a diferencia, por ejemplo, del cinturón de seguridad, pese a que este solo protege a quien lo usa y en cambio las vacunas protegen a la comunidad entera. Sí, siempre hay un riesgo de que las vacunas produzcan efectos adversos, pero es un riesgo muy, muy pequeño, mientras que buena parte de las enfermedades contra las que protegen son potencialmente mucho más dañinas. En la publicidad y los medios se da mucha importancia a "reforzar las defensas" del organismo. Pues la mejor manera no es con yogures, bífidus o aceite de tomillo y eucalipto, sino vacunándose. Ironías de la vida: las vacunas sí son obligatorias para los perros.

Algunos de los que viven en un entorno protegido contra epidemias terribles tienden a dar por sentado que esa situación es "natural" y olvidan que, de no ser por las vacunas y la medicina moderna en general, las cosas serían muy distintas. Es una especie de adanismo que idealiza un pasado en el que todos vivíamos más sanos y felices, en comunión con la Madre Naturaleza, sin estar sujetos a la esclavitud de la tecnología moderna ni a los diversos venenos que nos administran a diario las pérfidas multinacionales, cuya política empresarial parece ser la de enriquecerse aniquilando a todos sus clientes. Un pasado idílico que, huelga decirlo, no tiene nada que ver con el real, en el que las plagas devastaban a la población y la mortalidad infantil era muy elevada. Cosa que, por desgracia aún ocurre en algunos países donde el acceso a la sanidad y las vacunas es muy limitado.

Aunque estemos sometidos a estrés, ruido y contaminación, quienes vivimos en sociedades más o menos desarrolladas llevamos una existencia mucho más fácil y agradable que la de nuestros antepasados. No tener esto bien presente es hacer un flaco favor a su memoria. Y un auténtico insulto para quienes hoy en día siguen sin tener acceso a ese bienestar.

Otro tema es que quizá acabemos aniquilándonos como especie con el CO2. Pero no mezclemos las cosas.

sábado, junio 06, 2015

Los viejecitos australianos son los putos amos

El otro día, la señora que vive conmigo y yo fuimos al estadio olímpico de Montjuïc a ver tocar a AC/DC, que, para los jóvenes que no lo sepan, es un célebre grupo australiano de rock duro que data de la antigüedad, concretamente de la década de los 70 del pasado siglo.

Una puesta en escena espectacular, con luces de colores, pantallas gigantes, pirotecnia e incluso cañones como en la Obertura 1812, acompañó la impecable actuación del grupo. Aunque casi todos sus miembros son sexagenarios (algunos casi setentones), mantienen una vitalidad envidiable (al menos para este cuarentón que les habla) y a mi juicio encarnan a la perfección las cualidades más esenciales del rock, que están en las antípodas de esa languidez pseudonaïf e intelectualoide de los hipsters postmodernos: potencia, vigor, irreverencia y una actitud gamberra y ligeramente mónguer (sin ánimo de ofender).

Mismas cualidades que encontramos, curiosamente, en la reciente película Mad Max: Fury Road, del también australiano (este septuagenario) George Miller, responsable también de las películas originales del guerrero de la autopista, estrenadas en los setenta y ochenta. El filme (como el concierto) es una agresión constante a los sentidos. Es una interminable secuencia de acción interrumpida por brevísimos momentos de calma que apenas sirven para tomarse un respiro. Pese a ser una superproducción con superestrellas como Charlize Theron o (en menor medida) Tom Hardy, se salta a la torera los convencionalismos narrativos hollywoodienses, lo que provoca, sobre todo durante la primera hora, una sensación de desconcierto en el espectador, que se ve inmerso en medio de la acción desenfrenada sin explicaciones previas sobre el contexto, una distopía futurista cuyas reglas y estructura tendrá que ir descubriendo a partir de las pistas diseminadas que se le dan a lo largo de la película. Al igual que los rockeros, Miller prescinde en lo posible de la tecnología digital, y filma complicadas coreografías con decenas de vehículos, a cual más estrambótico.

Ni la música de AC/DC ni Mad Max: Fury Road son obras sesudas, profundas o tremendamente estimulantes para el intelecto. Son adrenalina pura. Y demuestran que los viejitos australianos (entre muchos otros) pueden dar más de una lección de nervio y fuerza a los jóvenes artistas modernos.



He aquí el magistral solo que Angus Young interpretó en el concierto. Para quien no le haya quedado muy claro a qué me refiero con "actitud ligeramente mónguer".