sábado, mayo 16, 2015

La infinitesimal probabilidad de nuestra existencia

En esta entrada de la muy recomendable y soezmente titulada IFLScience, se nos muestra un cálculo probabilístico de la sucesión de acontecimientos que han sido necesarios para que cada uno de nosotros naciera con el código genético que tiene y no otro. Según dicho cálculo, la suma de la probabilidad de que todos nuestros antepasados, desde el primer organismo unicelular hasta nuestros padres, alcanzaran la edad reproductiva, de que nuestros padres se conocieran y nos engendraran, de que el espermatozoide exacto fecundara el óvulo justo, sería de 1 entre 10 2.685.000 es decir, un uno seguido por más de dos millones y medio de ceros. Al parecer, esa viene a ser más o menos la probabilidad de que existamos tal como somos.

Y todo eso sin tener en cuenta circunstancias particulares. En mi caso, por ejemplo, sé que debo mi existencia a, como mínimo, tres conflictos bélicos: la guerra de Cuba y las dos guerras mundiales ("La guerra es el padre (¿o quizá la madre?) de todas las cosas", es la frase con que comienzan las memorias de mi abuelo).


Hace poco vi uno de esos sesudos documentales del Canal Historia o similar donde detallaban una serie de atentados fallidos contra Hitler. Según la Wikipedia, fuentes diversas mencionan hasta 42 intentos de matar al hijoputa del bigotito. Todos fracasaron. Seguramente habría bastado con que uno de ellos tuviera éxito para que yo no hubiera nacido.

Es tentador sentirse especial después de saber que uno es fruto de una larga serie de sucesos sumamente improbables, muchos de ellos desgracias terribles. Pero supongo que es un pensamiento falaz. Al fin y al cabo, es un error confundir la probabilidad a priori de que se produzca un resultado concreto (como por ejemplo, que al barajar un conjunto de naipes estos queden en un orden específico; una probabilidad bajísima, infinitesimal) con la probabilidad de que se produzca cualquiera de esos resultados (que en el caso de la baraja, es uno; es decir, es un suceso impepinable).

En otras palabras, si no hubiera habido esas guerras, sino otras, si mis antepasados no hubieran sobrevivido hasta reproducirse, pero otros sí, si el espermatozoide y el óvulo que formaron mi cigoto no hubieran sido los que fueron, sino otros, probablemente nadie habría creado esta entrada ni este blog. En cambio, existirían otras personas que ahora no existen, y quizá alguna de ellas se plantearía reflexiones tan ociosas y ombligocéntricas como las mías.

A lo mejor, en algún universo paralelo, es así.