jueves, abril 09, 2015

Soy espalda (I'm back)

Si los cálculos no me fallan (cosa harto posible, pues por algo no seguí los pasos de mis ilustres padres matemáticos), hace como tres años y medio que no actualizo esto. Si todavía queda alguien allí fuera, le agradezco la lealtad y, sobre todo, la paciencia. Como la naciente primavera excita mi sistema endocrino de una forma incontrolable que alimenta mis impulsos más narcisistas, me he hecho el propósito de retomar el blog y actualizarlo con frecuencia, para no seguir privando al mundo de mis profundas y reveladoras reflexiones.

Les hago un breve resumen de los avatares de mi fascinante existencia para ponerles al día:

Aunque, a causa de mi última entrada, sin duda algún lector pensó que mi prolongado silencio se debía a que no había logrado sobrevivir a mi segunda clase de yoga, lo cierto es que, aunque no sufrí daños físicos ni mentales permanentes, no hubo una tercera.

Ya oigo decir a más de uno: "Qué tipo tan blandengue. Mi sobrinita de cuatro años podría propinarle una paliza con una mano atada a la espalda." Pues no se crean: tras mi nefasta experiencia con las prácticas ascéticas de origen hindú, me embarqué en un trekking en Nepal hasta los pies del mismísimo monte Everest (ya les hablaré de ello más adelante, fue una experiencia de lo más curiosa), del que salí bastante airoso.  Después, azares del destino me llevaron a tomar clases de un arte marcial, no para suicidas, sino para sádicos, y no solo sobreviví de forma milagrosa a las primeras sesiones, sino que ya soy cinturón azul (para legos en la materia: en el sistema de gradación japonés, es el color que está solo dos por debajo del negro). Así que cuidadito con mandarme a sus sobrinas de cuatro años.

Por lo demás, todo igual. La señora que vive conmigo aún me soporta con admirable estoicismo, he desarrollado una adicción patológica a pelearme en las redes sociales, mis perros sufren menos a causa de la estridencia de la pirotecnia, en parte porque cada vez están más sordos, en parte porque el Barça ya no es el que era. Sigo ganándome la vida traduciendo, sobre todo novelas de género fantástico escritas por una australiana cuyas heroínas son jóvenes sencillas con poderes mágicos insospechados y que, pese a su aspecto poco llamativo, enamoran a hombres poderosos y extraordinariamente apuestos. En resumen: lo que hoy en día se conoce como literatura feminista.

En fin, un saludo afectuoso. No duden en hacerme llegar sus muestras de cariño y demás comentarios.

2 comentarios:

Momert dijo...

Me alegro que estés de espalda. Leeré ávidamente tus escritos. :)

Chimichambo dijo...

Gracias, Momert. De momento, creo que eres mi única lectora, pero me esmeraré en mis escritos como si fueras una horda de ellos.