jueves, abril 16, 2015

Loa de la mediocridad

Esta entrada de un blog que recomiendo encarecidamente a quienes no tengan inconveniente en leer en catalán me ha motivado a hacer mis propias reflexiones sobre la mediocridad.

Las películas de Disney y afines nos enseñan que todos, por insignificantes que parezcamos, tenemos aptitudes ocultas que con esfuerzo y tesón podemos desplegar para conseguir destacar por encima de los demás. Pero, en la vida real, por razones lógicas, es imposible que todos destaquemos, del mismo modo que es estadísticamente imposible que la mayoría de la gente tenga una inteligencia por encima de la media*. ¿Significa eso que casi todos estamos condenados a una existencia frustrada por nuestra incapacidad para cumplir con el objetivo vital de todo ser humano, que es el de sobresalir?

Por la manera en que se nos cuenta la historia, tendemos a pensar que los avances de la humanidad son obra exclusiva de grandes visionarios, luchadores y genios. No pretendo restar mérito a los científicos, artistas, exploradores y deportistas insignes; sé que su labor, además de ser muy valiosa, además sirve de inspiración al resto de los mortales. Ni menos aún sugiero que haya que mochar los árboles que descuellen sobre los demás; al contrario, hay que darles facilidades. Pero ninguno de esos personajes ilustres vivió en un vacío social; todos fueron fruto de su momento histórico, de los avances y esfuerzos realizados por sus contemporáneos y quienes vinieron antes que ellos, de la convivencia y colaboración de miles de personas que integraban la civilización que hizo posible que se dedicaran a su trabajo en vez de a una mera lucha por la supervivencia.

¿Qué podemos hacer, pues, quienes no poseemos cualidades extraordinarias? "Esfuérzate al máximo, dalo todo de ti, no te rindas nunca, y el universo conspirará para recompensarte", diría algún gurú new age o un entusiasta cursi. Paparruchas. La capacidad de esforzarse al máximo sin rendirse también es una cualidad extraordinaria de la que no todos estamos dotados.

Cada vez que había que hacer alguna tarea de bricolaje en la casa, mi padre me decía "mucho ayuda el que poco estorba". Creo que no es un mal principio. Conseguir navegar por la vida sin hacer de este mundo un lugar peor es algo que sí está al alcance de todos, o casi. Lo que no significa que sea fácil. Y, si además conseguimos que la vida de nuestros seres próximos sea un poco más agradable o interesante, eso ya sería la leche.

No estoy proponiendo que adoptemos el conformismo del aurea mediocritas horaciana, o que renunciemos alegremente a todo esfuerzo por ser este seguramente inútil o, en el mejor de los casos, prácticamente insignificante para el progreso de la humanidad. Digo que para contribuir a ese progreso no es imprescindible que destaquemos, que nuestro nombre quede inscrito en los libros de historia, que nos recuerden las generaciones futuras. De un modo u otro, todos influimos en ese devenir. Así que, ya que estamos, más vale intentar que sea para bien.



Salieri, nuestro santo patrón.


*Bueno, supongo que técnicamente es posible si la minoría está MUY por debajo de la media. Agradeceré toda puntualización o comentario matemático.

2 comentarios:

Noctas dijo...

Gran post!

Abrazos!

Chimichambo dijo...

Gracias, estimado!

Una abraçada.