jueves, abril 23, 2015

Recomendaciones para el día de Sant Jordi

Mi desinteresado consejo como trabajador del sector editorial es que compren libros. Muchos libros. Aunque sea para decorar estanterías, calzar mesas cojas, o fabricarse un bonito sofá. El mero hecho de comprar libros le hará mucho bien a su nivel cultural y esas cosas.
Como ya son grandecitos, ustedes sabrán qué libros les interesan más, así que me limitaré a indicarles cuáles NO deben comprar:
  • Libros de famosos para que se los firmen y para sacarse una selfie con ellos. Hagan mejor un apaño con Photoshop, que tendrá más o menos el mismo valor. 
  • Libros sobre el independentismo catalán, ya sea a favor o en contra. Uno y otro argumentario caben en sendas caras de una servilleta. Lo demás es paja.
  • Libros de homeopatía, reiki, dietas detox, el poder de la mente, las energías y demás zarandajas.
  • Novelitas pseudohistóricas que no son más que propaganda política encubierta, como las de César Vidal, Pío Moa o Sánchez Piñol.
  • Nada que lleve el nombre o la cara de Paulo Coelho en la cubierta o las solapas. Estos ni para calzar mesas sirven, por pringosos y almibarados.

    Bien, con estas recomendaciones creo que ya estarán bien equipados para salir a dar un paseo en esta bonita mañana primaveral. Bona diada de Sant Jordi!

jueves, abril 16, 2015

Loa de la mediocridad

Esta entrada de un blog que recomiendo encarecidamente a quienes no tengan inconveniente en leer en catalán me ha motivado a hacer mis propias reflexiones sobre la mediocridad.

Las películas de Disney y afines nos enseñan que todos, por insignificantes que parezcamos, tenemos aptitudes ocultas que con esfuerzo y tesón podemos desplegar para conseguir destacar por encima de los demás. Pero, en la vida real, por razones lógicas, es imposible que todos destaquemos, del mismo modo que es estadísticamente imposible que la mayoría de la gente tenga una inteligencia por encima de la media*. ¿Significa eso que casi todos estamos condenados a una existencia frustrada por nuestra incapacidad para cumplir con el objetivo vital de todo ser humano, que es el de sobresalir?

Por la manera en que se nos cuenta la historia, tendemos a pensar que los avances de la humanidad son obra exclusiva de grandes visionarios, luchadores y genios. No pretendo restar mérito a los científicos, artistas, exploradores y deportistas insignes; sé que su labor, además de ser muy valiosa, además sirve de inspiración al resto de los mortales. Ni menos aún sugiero que haya que mochar los árboles que descuellen sobre los demás; al contrario, hay que darles facilidades. Pero ninguno de esos personajes ilustres vivió en un vacío social; todos fueron fruto de su momento histórico, de los avances y esfuerzos realizados por sus contemporáneos y quienes vinieron antes que ellos, de la convivencia y colaboración de miles de personas que integraban la civilización que hizo posible que se dedicaran a su trabajo en vez de a una mera lucha por la supervivencia.

¿Qué podemos hacer, pues, quienes no poseemos cualidades extraordinarias? "Esfuérzate al máximo, dalo todo de ti, no te rindas nunca, y el universo conspirará para recompensarte", diría algún gurú new age o un entusiasta cursi. Paparruchas. La capacidad de esforzarse al máximo sin rendirse también es una cualidad extraordinaria de la que no todos estamos dotados.

Cada vez que había que hacer alguna tarea de bricolaje en la casa, mi padre me decía "mucho ayuda el que poco estorba". Creo que no es un mal principio. Conseguir navegar por la vida sin hacer de este mundo un lugar peor es algo que sí está al alcance de todos, o casi. Lo que no significa que sea fácil. Y, si además conseguimos que la vida de nuestros seres próximos sea un poco más agradable o interesante, eso ya sería la leche.

No estoy proponiendo que adoptemos el conformismo del aurea mediocritas horaciana, o que renunciemos alegremente a todo esfuerzo por ser este seguramente inútil o, en el mejor de los casos, prácticamente insignificante para el progreso de la humanidad. Digo que para contribuir a ese progreso no es imprescindible que destaquemos, que nuestro nombre quede inscrito en los libros de historia, que nos recuerden las generaciones futuras. De un modo u otro, todos influimos en ese devenir. Así que, ya que estamos, más vale intentar que sea para bien.



Salieri, nuestro santo patrón.


*Bueno, supongo que técnicamente es posible si la minoría está MUY por debajo de la media. Agradeceré toda puntualización o comentario matemático.

martes, abril 14, 2015

El Procés

Los que vivimos en Cataluña llevamos tres o cuatro años inmersos en una cosa que los políticos y periodistas llaman "el Procés". Aunque esta expresión a veces va apellidada con un "sobiranista" o un "cap a l'estat propi" (hacia el estado propio), suele utilizarse así, a secas. Todo el mundo habla de ello; los medios catalanes tratan el tema prácticamente a todas horas, y los del resto de España le dedican tertulias y portadas escandalosas.

Aun así, sospecho que nadie sabe muy bien en qué consiste.

Yo, desde luego, no lo tengo claro. Los políticos que se supone que lo están liderando (o, según algunas versiones, están obedeciendo la voluntad del pueblo) nunca hablan de ello en términos inequívocos. Todo su discurso está basado en eufemismos y sobreentendidos. Quienes están en contra, por otro lado, dirigen sus críticas a los protagonistas del Procés, más que al Procés en sí (algunos escriben "Prusés", adaptando a la ortografía española la pronunciación de la palabra en catalán, con la aviesa intención de zaherir a sus partidarios, al parecer con éxito), supongo que porque tampoco están muy seguros de contra qué están luchando.

El concepto "proceso" denota un desarrollo, un movimiento que, aunque puede ser lento, gradual, siempre es hacia delante, hacia arriba. Por eso resulta extraño que, después de varios actos multitudinarios impresionantes, declaraciones grandilocuentes, consultas alternativas e internacionalización del Procés, uno tiene la sensación de que todo sigue más o menos donde estaba hace tres o cuatro años.
P. D. No, madre, esta bonita animación de la escalera de Penrose no es mía. La encontré por Internet y me la apropié cual vulgar cibercaco.

jueves, abril 09, 2015

Soy espalda (I'm back)

Si los cálculos no me fallan (cosa harto posible, pues por algo no seguí los pasos de mis ilustres padres matemáticos), hace como tres años y medio que no actualizo esto. Si todavía queda alguien allí fuera, le agradezco la lealtad y, sobre todo, la paciencia. Como la naciente primavera excita mi sistema endocrino de una forma incontrolable que alimenta mis impulsos más narcisistas, me he hecho el propósito de retomar el blog y actualizarlo con frecuencia, para no seguir privando al mundo de mis profundas y reveladoras reflexiones.

Les hago un breve resumen de los avatares de mi fascinante existencia para ponerles al día:

Aunque, a causa de mi última entrada, sin duda algún lector pensó que mi prolongado silencio se debía a que no había logrado sobrevivir a mi segunda clase de yoga, lo cierto es que, aunque no sufrí daños físicos ni mentales permanentes, no hubo una tercera.

Ya oigo decir a más de uno: "Qué tipo tan blandengue. Mi sobrinita de cuatro años podría propinarle una paliza con una mano atada a la espalda." Pues no se crean: tras mi nefasta experiencia con las prácticas ascéticas de origen hindú, me embarqué en un trekking en Nepal hasta los pies del mismísimo monte Everest (ya les hablaré de ello más adelante, fue una experiencia de lo más curiosa), del que salí bastante airoso.  Después, azares del destino me llevaron a tomar clases de un arte marcial, no para suicidas, sino para sádicos, y no solo sobreviví de forma milagrosa a las primeras sesiones, sino que ya soy cinturón azul (para legos en la materia: en el sistema de gradación japonés, es el color que está solo dos por debajo del negro). Así que cuidadito con mandarme a sus sobrinas de cuatro años.

Por lo demás, todo igual. La señora que vive conmigo aún me soporta con admirable estoicismo, he desarrollado una adicción patológica a pelearme en las redes sociales, mis perros sufren menos a causa de la estridencia de la pirotecnia, en parte porque cada vez están más sordos, en parte porque el Barça ya no es el que era. Sigo ganándome la vida traduciendo, sobre todo novelas de género fantástico escritas por una australiana cuyas heroínas son jóvenes sencillas con poderes mágicos insospechados y que, pese a su aspecto poco llamativo, enamoran a hombres poderosos y extraordinariamente apuestos. En resumen: lo que hoy en día se conoce como literatura feminista.

En fin, un saludo afectuoso. No duden en hacerme llegar sus muestras de cariño y demás comentarios.