miércoles, octubre 19, 2011

Un arte marcial para suicidas

El otro día tuve mi primera clase de yoga.

El aula era una sala en penumbra con velitas y llena de gente tirada en el suelo (llegué un poco tarde). Se oía una música de fondo, una especie de sonsonete cantado con voces de niños sobre unas notas de sintetizador, que se repetía una y otra vez. Mientras tanto, la profesora pronunciaba frases relajantes con acento argentino y voz de anuncio de contactos. "Qué bien --pensé--. Un rato de tranquilidad y reposo. Justo lo que necesitaba a cambio de los ochenta euros que he pagado por el curso. No me extraña que este deporte sea tan popular entre las jubiladas."

Sin embargo, al cabo de unos minutos la profesora nos hizo ponernos de pie y comenzó a darnos una serie de instrucciones sobre posturas y movimientos. Al poco rato aquello se convirtió en el peor tormento que recuerdo haber padecido nunca. Sufría violentas convulsiones que no sólo me hacían casi imposible mantener la postura indicada, sino sencillamente mantenerme de pie. El sudor me corría a raudales por la retrocida espalda. La profesora debió de notar algo en mí que me delataba como principiante, porque me dijo, con una risita:

--Mañana me vas a odiar.

--Ya te odio ahora --repliqué, luchando por evitar que las piernas se me separaran aún más y me desgarraran en dos como a unos viejos calzones desgastados por la lejía.

Hasta ese momento no tenía la menor idea de que uno pudiera hacerse tanto daño sin más arma que el propio cuerpo. Por si fuera poco, mi amor propio también se vio gravemente perjudicado al darme cuenta de que las jubiladas eran mucho más fuertes y resistentes que yo.

A continuación, no conforme con maltratar mi físico y mis sentimientos, la profesora adoptó de nuevo su voz de anuncio de contactos para indicarnos que nos tumbáramos y, mientras yo intentaba recuperarme del vapuleo, insultó gravemente mi inteligencia con una retahila de clichés new age sobre la energía del universo y mandangas por el estilo.

Al día siguiente, en efecto, me acordé de ella, de toda su familia y hasta de don José de San Martín.

Estoy ansioso por asisitir esta tarde a mi segunda clase.

5 comentarios:

abejas africanas dijo...

HI HI HI!! Bueníshimo. ¿La profesora era una mística del cono sur?

J.F. dijo...

Me encontré tu blog por casualidad y me hizo gracias el título. Muy buena la experiencia. jajaja

Un saludo

Anónimo dijo...

Me encanta tu blog, espero que sigas publicando mas entradas :)

El portero dijo...

llegué de casualidad.

ismael moreno rodriguez dijo...

genial !!