martes, noviembre 24, 2009

Porcupine Tree

Ayer, 23 de noviembre, el grupo mayoritariamente británico Porcupine Tree tocó en una cosa llamada Sant Jordi Club, que es una sala que está detrás del Palau Sant Jordi y que no sé para qué se usa normalmente.

Sospecho que más de uno pondrá en entredicho mi credibilidad como crítico musical después de ensalzar a Mamá Ladilla o de publicar un enlace a mis propias y balbucientes grabaciones en Myspace, pero esta vez créanme si les digo que Porcupine Tree es uno de los mejores grupos actuales que conozco. Ya lo pensaba antes de ir a verlos y lo sigo pensando ahora. Hacen música rara, sí (se cataloga como rock/metal progresivo, aunque a ellos esa etiqueta no les gusta mucho) . No apta para todos los gustos, seguramente. Pero muy intensa, y muy bien hecha.

Los teloneros fueron Stick Men, un trío integrado por un batería y dos intérpretes de Chapman Stick (de ahí el ingenioso nombre del grupo; a fin de cuentas el batería también toca con "sticks"). Dicho instrumento consiste en un mástil muy largo y ancho que lleva doce cuerdas y se toca rasgueando o punteando con la mano derecha (como con una guitarra normal), pisándolas con los dedos de ambas manos, o bien frotándolas con un arco. Dado el gran número de octavas que abarca, permite tocar el bajo y notas agudas, a veces a la vez. Es rarísimo y requiere mucha pericia tocarlo. Cuál no sería mi sorpresa al ver que uno de los stickmen era el mismísimo Tony Levin, que ha tocado el bajo para Peter Gabriel, King Crimson, Pink Floyd y Dire Strats, entre otros. Es un músico muy experimentado e innovador. Pero un consejo, Tony: toca. Compón. Experimenta. Pero no cantes. Por lo que más quieras.

Cuando terminaron le compré un disco y me lo firmó. Un regalo totalmente inesperado.

Luego les tocó el turno a Porcupine Tree. El alma indiscutible del grupo es el compositor, cantante, guitarrista y a veces teclista Steven Wilson. Se nota enseguida que es uno de esos genios locos que hacen avanzar a la humanidad. Lleva gafas y una melenita que con un leve movimiento de cabeza se le echa encima de la cara, tapándosela por completo y haciéndole parecer el tío Cosa de la familia Addams, como observó Nabita sabiamente. Canta con una voz bastante aguda y aparentemente frágil pero muy entonada, que contrasta con los guitarrazos supertralleros que suelta en momentos selectos.

El concierto constó de dos partes, separadas por un intermedio. La primera la dedicaron a tocar íntegramente el disco The Incident, que es el que están promocionando en esta gira y que, en efecto, no tiene interrupciones entre los temas, que fluyen sin solución de continuidad para formar una unidad temática y musical (se repiten motivos y temas, aunque con ritmos, intensidades y tonalidades diferentes). Todo estaba rigurosamente milimetrado, como podía apreciarse por el vídeo de una pantalla gigante que estaba en perfecta sincronía con la música y que la reforzaba con imágenes alusivas, surrealistas y oníricas. Esta sincronización requiere una gran habilidad por parte de los músicos, que además tocaban cosas bastante complejas en algunas partes. Por desgracia el sonido no era muy bueno; el bajo o algunas notas de los teclados retumbaban de una forma bastante desagradable.

En la segunda parte tocaron lo que podríamos llamar sus "greatest hits". Creo que el sonido mejoró, aunque en momentos puntuales el bajo seguía retumbando. A Nabita el tema "Lazarus" le pareció "una mariconada" (no hay connotaciones homófobas; es sólo una expresión), pero a mí me puso la carne de gallina. El público de entre mil y tres mil personas (todavía somos pocos los iniciados) se volvió loco con la apoteosis metalera de "Anesthetize". Al final hubo un bis con "The Sound of Muzak" y "Trains". En total fueron más de dos horas de música. Dudo que haya habido alguien que no diera por bien empleado el precio de la entrada. Eso sí, dada la media de edad (más o menos la mía, diría), se habría agradecido que pusieran asientos en la sala.

He aquí dos vídeos del grupo (no son del concierto de ayer, pero tocaron ambas), que demuestra la increíble calidad de su directo (que suena casi como grabación de estudio).

La mariconada:



Lo trallero:



En fin. Junto con Billy Wilder, Ricky Gervais o Albert Pla, Porcupine Tree son unos de esos artistas que hacen que la vida valga la pena.