viernes, julio 31, 2009

Puntualizaciones sobre el tema de la huelga

Este blog normalmente sólo lo leen amigos y familiares. De alguna manera, mi comentario sobre la huelga de Eurocorset ha llegado a conocimiento de personas afectadas, tanto vecinos como huelguistas (o amigos de huelguistas). De haberlo sabido, seguramente habría redactado el texto de otra manera, y habría investigado más sobre el tema.

Efectivamente, lo ignoro casi todo sobre la huelga y sus motivos. En la web de Comisiones Obreras lo explican. Ahora sé que la fábrica que se cierra está en Badalona, no en mi calle. También sé, por otras fuentes, que los huevos no los tiraban los huelguistas, sino algún vecino. Mi artículo no pretendía ser un análisis a fondo del conflicto ni mucho menos, sino simplemente una descripción de cómo me afectaba a mí.

Me imagino que debe de ser durísimo para los afectados que los echen sin más, y obviamente es una situación que no le deseo a nadie. Tampoco soy tan insensible para no imaginar que quedarse sin trabajo de repente es mucho más duro que tener que aguantar unos gritos.

Cuando empezó la huelga, todas mis simpatías estaban con los huelguistas. Lo que ocurre es que, por parte de algunos de ellos, enseguida noté una falta de consideración grave hacia los vecinos. ¿Era necesario hacer pintadas tipo "Legionario español" y "viva España" en las casas de en frente? ¿Hacía falta dejar la calle llena de botellas? Sé que soy un afortunado por no haberme quedado sin empleo, pero no podía darme el lujo de tomarme vacaciones durante la semana que duraron las protestas. Tenía que trabajar, en casa, como siempre, y para mi trabajo necesito poder oír bien lo que tengo que traducir. El ruido casi constante, no sólo por las mañanas sino también durante parte de la tarde, me ha hecho casi imposible avanzar en mi trabajo esta semana. Eso supone una pérdida de ingresos para mí. Se me reprocha mi falta de solidaridad hacia los afectados, pero ¿por qué he de mostrar solidaridad hacia quien muestra un desprecio tan absoluto por mí y el resto de los vecinos? Me temo que quienes se quejan de la falta de solidaridad no pierdieron ni un segundo de su tiempo en pensar en el derecho a la tranquilidad de los que vivimos en esta calle. ¿No había otra forma de presionar? ¿No podían limitarse los gritos a las entradas y salidas de la gente de la empresa? ¿Tenían que ser a todas horas?

En fin, espero, y lo digo con toda sinceridad, que las protestas hayan servido de algo. Les ruego me informen al respeto. Así, al menos, esta semana tan desagradable para todos no habría sido inútil.

lunes, julio 27, 2009

A la p... calle

Hasta hace pocos días me consideraba de izquierdas, pero ahora siento una especie de solidaridad con las clases explotadoras. Y con los belgas.

Podría decirse que la calle donde vivo es un caso único, y no porque yo viva en ella. Está en la frontera entre dos barrios barceloneses con solera, Gràcia y el Eixample derecho, a diez minutos a pie del cruce de Diagonal con Paseo de Gràcia, uno de los puntos neurálgicos de la ciudad, y a quince minutos de la Sagrada Familia, lugar de peregrinaje actual para miles de japoneses. Es una calle pequeña, comprendida entre otras dos más importantes, y en total mide poco más de cien metros. En ella se alternan los bloques de apartamentos y casas de dos o tres plantas. Lo realmente curioso es que, además, hay fábricas y talleres, lo que convierte a mi calle en una especie de polígono industrial en miniatura. El tamaño de algunas de las naves es insólito hoy en día en una zona tan relativamente céntrica de la ciudad, ya que la inmensa mayoría de las industrias se trasladaron a las afueras hace décadas.

El caso es que la crisis sigue su avance imparable, y por lo visto la empresa que está en la esquina más alejada de mi casa (Eurocorset S.A.) ha puesto en marcha un Expediente de Regulación de Empleo y va a despedir a treinta y cinco personas. Si estoy enterado de ello no es precisamente porque en un despliegue de buena vecindad yo haya mostrado algún interés por la buena marcha de las fábricas cercanas, sino porque los afectados han tenido buen cuidado de que los vecinos nos enteremos.

El jueves, hacia las nueve de la mañana, un grupo de unas quince personas se instaló frente al edificio de Eurocorset S. A. provisto de sillas plegables, botellas de agua, pancartas del sindicato Comisiones Obreras y, como pude comprobar más tarde, también de cartones de huevos y latas de pintura en aerosol. Y, por supuesto, armados con un megáfono. Las consignas contra los belgas (aparentemente, los máximos responsables del ERE), contra el jefe local (un tal Tardà o Sardà) y contra los esquiroles sonaron de forma casi ininterrumpida hasta cerca de las siete de la tarde, hora del cierre de la fábrica. Grabados a fuego tengo en el cerebro cánticos como "Paro no,/ trabajo sí/ paro no,/ trabajo sí", "Que se entere todo Gràcia/ del robo que hay aquí/ que se entere todo Gràcia...", "Los belgas, cabrones/ nos tocan los cojones" o "Jordi, traidor,/ eres un peón". Incluso a la hora de la comida continuaba el asedio a aquel castillo de la lencería y la codicia infinita; el megáfono simplemente cambiaba de manos y se oían las mismas consignas, aunque salmodiadas por otra voz. Me llamó especialmente la atención el ensañamiento contra los trabajadores que no secundaban la huelga. Hacia las dos del mediodía oí que el griterío se intensificaba de forma considerable y que llovían insultos contra alguien. Me asomé a la terraza y vi a unas cinco personas que se alejaban, supongo que a almorzar, mientras los del piquete les gritaban el nombre del puerco y les tiraban huevos. Los esquiroles avanzaban sin volver la vista atrás en ningún momento, algunos de ellos tomados del brazo.

Más tarde pasé junto a los huelguistas y oí al cabecilla, sin duda el eximio vate que había compuesto tan inspiradas rimas, comentarle a alguien: "No, si hay catalanes de puta madre y del Madrid, y otros que son unos cabrones, como todo. Yo no soy de derechas... Bueno, soy de derechas porque voto al Partido Popular..." Si estas declaraciones me dejaron un tanto perplejo, cuando vi las pintadas en las paredes de unas casas situadas frente a la empresa (junto a las que insultaban al patrón y a los esquiroles, un "VIVA ESPAÑA" y otra que rezaba con castizo orgullo "LEGIONARIO ESPAÑOL") me sumieron en un profundo estupor.

Al día siguiente se repitió la jugada, de forma casi idéntica, pero esta vez los Mossos d'Esquadra (la policía catalana) tuvo que venir a escoltar a los esquiroles al mediodía para que pudieran salir a comer supongo que sin que los lincharan. Cuando llegó la hora de irse (hacia las tres de la tarde, puesto que era viernes), respiré aliviado al pensar que ya no tendría que volver a oír sus justas reivindicaciones, ni a experimentar una angustia desgarradora por mi absoluta impotencia frente a su situación. Como si me hubiesen leído el pensamiento, los huelguistas rompieron a corear de forma amenazadora: "El lunes más..., el lunes más." Luego se marcharon, dejando sus pintadas, botellas y huevos rotos en la calle. Por la tarde llegaron los del ayuntamiento a limpiar las pintadas ("viva Esp", nos dijo uno socarronamente cuando pasamos por allí, pues era todo lo que aún se alcanzaba a leer en la pared). Sin embargo, las botellas y los huevos, cuyo tono era cada vez más verdoso, ahí se quedaron.

Y, bueno, hoy lunes, puntualmente y tal como habían prometido, ahí estaban. Supongo que para no desgañitarse demasiado, hoy han traído consigo unos pitos de aire comprimido como los que se usan en el fútbol, un tambor y unos silbatos. Yo estoy intentando hacer unos subtítulos de un behind the scenes sacándolos "de pantalla" (es decir, sin guión ni nada, de puro oído) mientras, una y otra vez, me taladra los tímpanos el cántico "De la calle Santa Eulàlia/ no nos moverán/ de la calle Santa Eulàlia/ no nos moverán / larará larararara ra ra ra/ no nos moverán"). Y me dan ganas de matar a Chanquete. Si no se hubiera muerto ya.

Si, por alguna razón inconcebible y contra todo pronóstico, no los restituyen en sus puestos, podrían ganarse la vida perfectamente en Guantánamo (o el lugar a donde manden ahora a los supuestos terroristas) practicando la tortura psicológica.

miércoles, julio 08, 2009

La venganza de los caídos

El otro día conseguí vencer mi recelo habitual hacia el cine de arte y ensayo y fui a ver una película, ya no me acuerdo si era de Fassbinder, Kiarostami, Wong Kar-Wai o uno de ésos. Realmente no me arrepiento. Aunque, tal y como me temía, prácticamente no entendí nada, extraje del filme valiosas lecciones estéticas y vitales. Por ejemplo, descubrí que los robots tienen escroto y poseen la facultad de expulsar ventosidades. ¿Quién es el hombre para creerse el centro indiscutible del universo? También aprendí que cuando pelean entre sí es casi del todo imposible distinguir al bueno del malo, entre otras cosas porque, como muestra la foto, todos se parecen, no hay forma de saber qué están haciendo y tanto uno como el otro tienden a romper o volar en pedazos cualquier estructura o vehículo en un radio de cien metros. ¿Acaso no es éste un reflejo fiel de lo equivocado que está el maniqueísmo ético?
Descubrí que las ruinas de Petra están a menos de cinco minutos en coche de las pirámides de Giza, y ya estoy planeando mi fabulosa ruta turística para este verano, que incluirá la estimulante demolición de casas de los nativos, pocos y cobardes, como muestra la película, de modo que difícilmente opondrán resistencia.
Aprendí que, aunque tengas cara de tonto, hables como un tonto y te portes como un tonto, si tienes un Camaro amarillo que se convierte en robot (o viceversa), puedes conseguir una novia guapísima que, además de permanecer perfectamente maquillada y peinada incluso en medio de un intenso fuego cruzado en el desierto (¡y sin que se le salga una teta del escote cuando va corriendo!), se muere por tus huesos y te perdona aunque te sorprenda besando con lengua a una bella alienígena asesina rubia. Eso sí, tampoco se le puede exigir mucho más que eso, aunque, pensándolo bien, no es poco.
Descubrí que si mueres a causa de una explosión que te avienta a diez metros de distancia pero por lo demás te deja prácticamente intacto, vas a parar a una especie de cielo donde unos monstruos mecánicos gigantes y divinos te resucitan, siempre y cuando tú tengas que resucitar a tu vez a un robot gigante. (De hecho, es ése sí que es un final Deus Ex Machina, en todos los sentidos, aunque no sé por qué los monstruos divinos no resucitan directamente al robot gigante en vez de esperar a que medio Egipto y medio Oriente Medio --¿eso sería un cuarto de Oriente?-- queden arrasados).
También aprendí que la avaricia puede hundir la carrera de grandes actores como John Turturro al aceptar papeles en películas tan absolutamente descerebradas como ésta.
Al final no llegué a saber quiénes eran los caídos que se vengaban, pues en realidad todos los personajes se caen y se vengan más de una vez. Hay uno que se llama "The Fallen" incluso en la versión doblada y que no sé si se muere o huye o algo, pero que no fui capaz de distinguir en ningún momento de Megatrón ni de otros de los cientos de robotes que pululan por ahí haciendo mucho ruido.
Nah, ya lo pensé mejor: sí que me arrepiento.