jueves, abril 30, 2009

Basta de "gripe mexicana"

No he podido contenerme y le he enviado la siguiente carta a El Periódico de Catalunya:

Leo que las autoridades sanitarias europeas quieren cambiarle el nombre a la gripe porcina para evitar perjuicios a la industria cárnica. Proponen, por ejemplo, que se emplee la expresión "nueva gripe". El Periódico, por su parte, se empeña en llamarla "gripe mexicana". El virus ya está dañando bastante la economía de México, mi país natal, debido al cierre de comercios, la paralización general de la sociedad y el decrecimiento del turismo. Sólo falta que se acabe generalizando la denominación "gripe mexicana" para acabar de hundir el país y aumentar los casos de xenofobia antimexicana, como ya ocurre en Estados Unidos. ¿Merecen más consideración los cerdos que los mexicanos? Les ruego que usen otra denominación.

El Xevi


El Xevi fue pastor de vacas en los Alpes suizos. De vez en cuando se le despeñaba alguna, y la localizaba por los buitres que revoloteaban sobre ella. Según él, eran enormes y tenían un aspecto amenazador (los buitres, no las vacas), y un día despertó de una siesta al aire libre para encontrarse rodeado de ellos.
El Xevi fue hippy en París, donde estudiaba arte dramático, creo, y se colaba en el Metro sistemáticamente.
El Xevi realizó una gira por África con un circo, en el que hacía de payaso tonto blanco, lo que arrancaba las carcajadas del público. Por lo visto, las negritas tenían una forma muy carnal de agradecer toda atención o regalo que se les brindase, así que él se benefició a algunas.
El Xevi recorrió la India en moto, y recibió una cornada monumental de una vaca sagrada por rescatar heroicamente la flautita de una chica que la bestia estaba a punto de pisar.
El Xevi fue la primera estatua viviente de la Rambla. Hoy en día, éstas son imágenes icónicas del paseo barcelonés.
El Xevi tuvo papeles secundarios en varias películas y series, como las de Makinavaja, y papeles protagonistas en cortos como Aftermath, donde hacía de cadáver al que le practicaban una sangrienta autopsia.
Una vez, el Xevi pasó hachís a España desde Marruecos en un transbordador, como lo hacen los profesionales: con la sustancia ilegal metida en un condón, y el condón metido en salva sea la parte.
El Xevi vivía en una furgoneta debidamente acondicionada, y se ganaba la vida trabajando como clown en las zonas concurridas de Ibiza. Una vez fueron a entrevistarlo para un programa de TV3 que supuestamente exploraba los estilos de vida alternativos, pero los periodistas se empeñaron, sobre todo, en que él les enseñara cómo funcionaba el váter químico que él tenía en la furgoneta.

Yo lo conocí hace unos 15 años en un curso de guión. Él quería hacer un corto sobre un marciano-clown que tenía un mando a distancia con el que le hacía algo a la gente (no recuerdo exactamente qué). A raíz de eso, formamos, junto con otros compañeros de clase, un grupo que en teoría se iba a dedicar a hacer cortos pero que más bien degeneró en un club variopinto de amigos que se reunían cada semana a charlar, reírse, beber, pelearse y, de vez en cuando, escribir, planear o incluso rodar algún corto. Yo aprendí a imitar la voz de viejito prematuro pero muy vital de Xevi, y su saludo característico, "hola macos", lo que provocaba la hilaridad de los demás. Él contaba sus incontables aventuras (valga el oxímoron), que ya eran bastante interesantes de por sí, con una gracia especial que acompañaba con sus estudiados pero ya interiorizados gestos de clown. A veces, cuando preparábamos algún corto, el Xevi resultaba desesperante, porque si se le metía una idea en la cabeza insistía en ellauna y otra vez, incluso cuando ya los demás la habíamos aceptado. Era un niño grande en muchos sentidos.
También era un superviviente: había sobrevivido a la infección a la infección provocada por los esmerados cuidados que le dispensaron en una clínica de pueblo de la India tras la cornada de la vaca. Sobrevivió a la hepatitis, creo que C, e incluso parecía haberse curado de ella, pese a que dicen que es crónica. Se había salvado de un atraco en las calles de Brasil poniéndose en guardia en una postura de púgil que seguramente hizo que el atracador se creyera en presencia de una especie de extraterrestre como el del corto planeado (y nunca realizado) de Xevi. Más recientemente, sobrevivió a una meningitis que lo dejó en coma durante pocos días. Más tarde dijo que había sido el viaje más alucinante de su vida (en su delirio se metió un termómetro por el agujero del pene; una escena dantesca pero que él describía de forma muy chistosa). Aseguró que, después de eso ya no valía la pena volver a tomar drogas duras (que tampoco tomaba muy a menudo).
El miércoles de la semana pasada, el Xevi estaba en Ibiza, en su furgoneta. Hacía una noche inusualmente fría para esas latitudes a finales del mes de abril (el cambio climático de los cojones), así que cerró las ventanas y encendió su estufa de butano para calentarse. Seguramente se fumó un porrete (eso no lo había dejado después del coma) y se quedó dormido. En algún momento de la noche, la estufa se apagó, pero el gas siguió saliendo. Por lo visto él no se enteró de nada. Lo encontraron dos días después, en la cama.
Ayer fue su entierro, en su Olot natal. Tenía sólo 55 años, pero si algo no se puede decir de él es que haya vivido poco.
Adéu, maco. Bum-bum.