viernes, marzo 06, 2009

A pesar de todo, el doblaje es un arte

Yo siempre he sido de esos esnobs que defienden el cine en versión original subtitulada frente al doblaje. Ya se sabe: la película no doblada es mucho más fiel a la obra original, la interpretación de los actores no se aprecia en su totalidad si no es oyendo sus voces auténticas, el doblaje da risa porque no encaja bien con el movimiento de los labios, etc., etc. Además, en México los subtítulos son (o eran durante mi infancia) mucho más habituales que el doblaje en los cines, de modo que cuando llegué a Barcelona me horrorizaba tener que ver las películas dobladas, y para colmo con acento gachupín.

Pues bien, pues ahora que me he acostumbrado al acento gachupín y traduzco películas tanto para doblaje como para subtítulos, puedo matizar un poco mi antes intransigente postura respecto al doblaje. Para empezar, ahora que me gano la vida en parte gracias al doblaje, curiosamente lo miro con mejores ojos, ve tú a saber por qué. En segundo lugar, es cierto que la interpretación de los actores no puede apreciarse en su totalidad sin oír sus diálogos originales. Lo que ocurre es que, si la interpretación de los actores ES MALA, el doblaje puede mejorarla (no es lo habitual, cierto, pero es indudable que pasa, y hay actores de doblaje muy buenos); además, hay artistas de la gran pantalla que no tienen una voz acorde con su físico (léase Bruce Willis o Tom Selleck, por ejemplo, que tienen voz de pito), y en cambio sus dobladores sí. En tercer lugar, hay un aspecto en el que el doblaje es más fiel al original que los subtítulos, sobre todo si pensamos en el público que realmente no entiende el idioma original, o lo entiende muy poco. Los subtítulos presentan una limitación muy grande de espacio. Para que el espectador tenga tiempo de leerlos y además de enterarse de lo que pasa en la pantalla, los subtítulos tienen que ser muy breves. Por lo tanto, con frecuencia hay que condensar mucho el texto, lo que supone el mayor quebradero de cabeza para el subtitulador, que tiene que buscar sinónimos, paráfrasis o ideas que resuman lo más fielmente posible el sentido de la frase original. En el doblaje este problema es mucho menor (aunque existe, porque en castellano, por ejemplo, necesitamos por lo general más sílabas que las que se requieren en inglés para expresar una misma cosa; supongo que en mandarín pasa lo contrario). Por lo tanto, el texto traducido puede ser mucho más fiel en el doblaje que en los subtítulos. Evidentemente, lo más fiel es oír las voces originales, pero si no entiendes ni papa, el doblaje es una opción que puede permitirte disfrutar más de la película y, de una manera algo tramposa, cierto, pero eficaz, identificarte más con los personajes.
En fin, ahora la Generalitat ha sacado un proyecto de ley para que sea obligatorio que el 50% de las películas que se exhiben en Cataluña estén dobladas o subtituladas en catalán (o algo así), de modo que los espectadores puedan escoger libremente en qué idioma quieren verla. Esto en principio me parece muy loable, pero las cosas loables no siempre pueden conseguirse a golpe de decreto, y de buenas intenciones está lleno el infierno, o como se diga. Por lo visto, a las majors estadounidenses esta medida no les mola nada porque les haría perder dinero, y ya he oído alguna noticia en el sentido de que pueden tomar represalias contra los estudios de doblaje catalanes dejándolos sin trabajo. En fin, espero que no sea más que un rumor.