martes, noviembre 24, 2009

Porcupine Tree

Ayer, 23 de noviembre, el grupo mayoritariamente británico Porcupine Tree tocó en una cosa llamada Sant Jordi Club, que es una sala que está detrás del Palau Sant Jordi y que no sé para qué se usa normalmente.

Sospecho que más de uno pondrá en entredicho mi credibilidad como crítico musical después de ensalzar a Mamá Ladilla o de publicar un enlace a mis propias y balbucientes grabaciones en Myspace, pero esta vez créanme si les digo que Porcupine Tree es uno de los mejores grupos actuales que conozco. Ya lo pensaba antes de ir a verlos y lo sigo pensando ahora. Hacen música rara, sí (se cataloga como rock/metal progresivo, aunque a ellos esa etiqueta no les gusta mucho) . No apta para todos los gustos, seguramente. Pero muy intensa, y muy bien hecha.

Los teloneros fueron Stick Men, un trío integrado por un batería y dos intérpretes de Chapman Stick (de ahí el ingenioso nombre del grupo; a fin de cuentas el batería también toca con "sticks"). Dicho instrumento consiste en un mástil muy largo y ancho que lleva doce cuerdas y se toca rasgueando o punteando con la mano derecha (como con una guitarra normal), pisándolas con los dedos de ambas manos, o bien frotándolas con un arco. Dado el gran número de octavas que abarca, permite tocar el bajo y notas agudas, a veces a la vez. Es rarísimo y requiere mucha pericia tocarlo. Cuál no sería mi sorpresa al ver que uno de los stickmen era el mismísimo Tony Levin, que ha tocado el bajo para Peter Gabriel, King Crimson, Pink Floyd y Dire Strats, entre otros. Es un músico muy experimentado e innovador. Pero un consejo, Tony: toca. Compón. Experimenta. Pero no cantes. Por lo que más quieras.

Cuando terminaron le compré un disco y me lo firmó. Un regalo totalmente inesperado.

Luego les tocó el turno a Porcupine Tree. El alma indiscutible del grupo es el compositor, cantante, guitarrista y a veces teclista Steven Wilson. Se nota enseguida que es uno de esos genios locos que hacen avanzar a la humanidad. Lleva gafas y una melenita que con un leve movimiento de cabeza se le echa encima de la cara, tapándosela por completo y haciéndole parecer el tío Cosa de la familia Addams, como observó Nabita sabiamente. Canta con una voz bastante aguda y aparentemente frágil pero muy entonada, que contrasta con los guitarrazos supertralleros que suelta en momentos selectos.

El concierto constó de dos partes, separadas por un intermedio. La primera la dedicaron a tocar íntegramente el disco The Incident, que es el que están promocionando en esta gira y que, en efecto, no tiene interrupciones entre los temas, que fluyen sin solución de continuidad para formar una unidad temática y musical (se repiten motivos y temas, aunque con ritmos, intensidades y tonalidades diferentes). Todo estaba rigurosamente milimetrado, como podía apreciarse por el vídeo de una pantalla gigante que estaba en perfecta sincronía con la música y que la reforzaba con imágenes alusivas, surrealistas y oníricas. Esta sincronización requiere una gran habilidad por parte de los músicos, que además tocaban cosas bastante complejas en algunas partes. Por desgracia el sonido no era muy bueno; el bajo o algunas notas de los teclados retumbaban de una forma bastante desagradable.

En la segunda parte tocaron lo que podríamos llamar sus "greatest hits". Creo que el sonido mejoró, aunque en momentos puntuales el bajo seguía retumbando. A Nabita el tema "Lazarus" le pareció "una mariconada" (no hay connotaciones homófobas; es sólo una expresión), pero a mí me puso la carne de gallina. El público de entre mil y tres mil personas (todavía somos pocos los iniciados) se volvió loco con la apoteosis metalera de "Anesthetize". Al final hubo un bis con "The Sound of Muzak" y "Trains". En total fueron más de dos horas de música. Dudo que haya habido alguien que no diera por bien empleado el precio de la entrada. Eso sí, dada la media de edad (más o menos la mía, diría), se habría agradecido que pusieran asientos en la sala.

He aquí dos vídeos del grupo (no son del concierto de ayer, pero tocaron ambas), que demuestra la increíble calidad de su directo (que suena casi como grabación de estudio).

La mariconada:



Lo trallero:



En fin. Junto con Billy Wilder, Ricky Gervais o Albert Pla, Porcupine Tree son unos de esos artistas que hacen que la vida valga la pena.

jueves, octubre 29, 2009

Pequeñas alegrías

A veces, pocas, la actualidad (que es como llaman ahora a los sucesos o noticias de las que habla la gente) te da pequeñas alegrías.

Por ejemplo, el otro día el Alcorcón, un equipo de Segunda B, que no sé muy bien lo que es pero suena a modesto de la hostia, le ganó al Real Madrid por 4-0. Como decía una carta en el periódico, un grupo de maestros, taxistas y administrativos que juegan al futbol como hobby goleó a once millonarios en pantalón corto. No sé casi nada de futbol, pero la humillación del prepotente siempre me alegra el día.

Otra: por orden del juez Garzón, que tiene vocación de ajonjolí de todos los moles, han detenido, entre otras figuras relevantes de la política actual o pasada, a Macià Alavedra y a Lluís Prenafeta por presunta colaboración en presunta trama urbanística o algo presuntamente parecido. No puedo evitar que me invada cierta satisfacción morbosa al ver en aprietos a esos ex peces gordos (aunque no ex gordos; lo siguen estando, y mucho) de la órbita convergent y supongo que millonetis. Y como guinda del pastel, se los llevaron hoy pa' Madrid en furgones de la Guardia Civil, lo que para ellos debe de ser el castigo más degradante imaginable. De nuevo, la humillación del prepotente.

Pero la alegría dura poco en casa del pobre, o al menos en la mía, por culpa del Pepito Grillo que llevo dentro. En el caso del triunfo del Alcorcón, Pepito me dice que seguramente no fue fruto del esfuerzo y el talento sobrehumanos de aquella gente sencilla, sino de la desmotivación o la incompetencia del equipo madridista y su entrenador. Con lo cual seguramente no me estoy alegrando del triunfo de David, sino del tropezón de Goliat. Y eso no demuestra una gran nobleza de espíritu por mi parte.

En cuanto a las detenciones, Pepito me recuerda lo que quiere decir "presunto". A lo mejor esos señores gordos y antipáticos no hicieron nada malo y les están haciendo pasar un mal rato. Lo único que no es presunto de momento es su gordura. Ni siquiera estoy seguro de que realmente sean antipáticos. Y encima voy y me regodeo de su desgracia. Aunque eso no creo que les quite el sueño. Por otro lado, ve tú a saber los intereses políticos y económicos que hay detrás de todo el asunto, y quién sabe si lo sabremos jamás. Y aunque obliguen a esos presuntos trácalas a devolver el dinero que presuntamente robaron, a mí no me va a tocar ni un quinto. O sea que mi alegría es cruel, injustificada y falsa, pues nada de eso influye realmente en mi vida diaria.

Si me disculpan, voy a comprar un DDT. A ver si encuentro uno especial para grillos.

domingo, octubre 18, 2009

En la luna

Este año, en el que se celebra el 40 aniversario de la llegada de los terrícolas a la luna, se estrenó Moon, una película de ciencia ficción dirigida por Zowie Bowie, el hijo de David Bowie, que se cambió el nombre a Duncan Jones, presumiblemente para alejarse de la sombra de su padre (¿por qué si no iba a cambiarse alguien un nombre tan bonito?), aunque no le ha servido de nada, porque todo el mundo lo conoce como "Duncan Jones, el hijo de David Bowie".

Al principio aparece un tipo que vive en la luna (literalmente); totalmente solo, salvo por un robot que habla como el HAL de 2001 y que se expresa con emoticonos. Se encarga de supervisar el funcionamiento de unas máquinas extractoras de helio-3 y de enviar cargamentos de este material a la Tierra, donde se usa para generar una energía limpia, según se nos dice al principio. Debo reconocer que el aislamiento del personaje, el trabajo tan poco estresante que tiene, y, sobre todo, la ausencia de vecinos ruidosos, me hicieron envidiar esa forma de vida. Claro que luego la cosa se complica. Y en qué forma.

Hay gente que le ve un gran trasfondo filosófico a esta película y asegura que toca un tema tan profundo como el de "descubrir quiénes somos". Francamente yo no le veo tanto, pero es una historia interesante, entretenida, con suspenso y algunos giros imprevisibles. No es un filme que alardee de grandes efectos especiales, aunque los tiene, y hace de ellos un uso tan sutil como ingenioso. El actor Sam Rockwell, muy alejado de su otro papel cósmico, el del Zaphod Beeblebrox de La guía del autoestopista galáctico, soporta muy dignamente el peso de toda la película, pues es prácticamente el único personaje humano que aparece. Casi toda la acción se desarrolla dentro de la base lunar en la que vive, por lo que bien podría hacerse una adaptación teatral (a lo mejor uno de esos musicales al uso), de no ser por una pequeña complicación técnica que no puedo revelar sin echar a perder una de las sorpresas de la trama.

En fin, sí: es una película modesta (para los estándares hollywoodienses; en México o España seguro que el presupuesto da para dos o tres superproducciones), original y fresca. Muy recomendable.

lunes, octubre 12, 2009

La Hispanidá (-daz, -dat)

Es una lata eso de pertenecer al ámbito de la Hispanidad. En Latinoamérica te enseñan desde niño que los españoles fueron allí a joder los prósperos y avanzados imperios precolombinos, aunque, en una muestra de esquizofrenia incomparable, por lo general se desprecia a los indígenas que todavía existen. En Estados Unidos la cultura hispana está vista, en el mejor de los casos, como una fuente de hedonismo hortera, gracias sean dadas a Ricky Martin, Gloria Estefan y demás. En partes de la península ibérica como Cataluña, la hispanidad se considera a la vez imperialista y cutre. En todo el mundo, los únicos que defienden la hispanidad sin matices son unos señores casposos y prepotentes de la meseta que lo celebran con bochornosos desfiles militares.
No es verdad que la de la Hispanidad sea hoy en día una fiesta tan incómoda para casi todo el mundo porque la gente simpatice con los débiles; en Estados Unidos Columbus's Day no es motivo de vergüenza para nadie pese a que ahí sí que se erradicó casi por completo a los aborígenes. Lo que no le gusta a la gente son los perdedores, y la cultura hispana es una cultura de perdedores. De haber sido un imperio en el que no se ponía el sol, el hispánico pasó a ser un puñado de países pobretones o mediocres en los que han proliferado las dictaduras de todos los colores, y que han exportado cantidades ingentes de mano de obra barata con niveles de educación que no son para echar cohetes. España, el único país más o menos rico de todos, está plagado de problemas económicos y políticos derivados de su accidentada historia y de la forma rápida pero precaria en que se enriqueció en las últimas décadas. Con decir que aproximadamente un tercio de españoles no quieren serlo está todo dicho.
En fin, yo le tengo apego al idioma que me enseñó mi mamá con bastante cariño, pese a no ser realmente su lengua materna (aunque casi) , un idioma con que me gano la vida. Es un idioma con mala fama en casi todas partes, cuando no por imperialista, por cutre, o por ambas cosas, pero es una herramienta útil. Como todos. Y en él se han escrito cosas bonitas e interesantes. Tal vez más que en algunos otros. Espero que se comprenda que cuando lo utilizo o incluso lo alabo no estoy justificando las matanzas o imposiciones que hayan podido preceder o acompañar su propagación. En fin, que sé que la Hispanidad es una putada, pero está ahí y no se puede borrar. Y forma parte de mí, o yo de ella, para bien o para mal, y qué se le va a hacer. En fin, lo dejo porque estoy viendo por la puerta de la terraza unas palomas follando en una cornisa y me estoy poniendo nervioso.

domingo, octubre 11, 2009

No es un filme redondo

El estreno de Ágora, de Alejandro Amenábar, viene acompañado de mucho bombo (es una de las mayores producciones del cine europeo, dicen) y de polémica (al parecer no encuentra distribuidor en Gringolandia por su visión "anticristiana"), lo que podría llevarnos a pensar que, como suele ocurrir en estos casos, la película en sí tiene poco interés.

No es cierto. Toca un tema muy relevante en los tiempos que corren, o al menos uno de los que más me preocupan a mí: el fanatismo y la facilidad con que se propaga en determinadas circunstancias. Es cierto que los cristianos aparecen como los más malos de la película (estamos hablando de la Alejandría del siglo IV), pero ni judíos ni paganos se salvan. De hecho, el atuendo y el comportamiento de los parabolanos recuerda mucho al de los islamistas violentos de nuestros días. Hay que ser un poco bobo para quedarse con la idea de que la peli es un alegato anticristiano. El otro día un crítico de cine de la emisora de los obispos dijo que aunque seguramente lo que Amenábar pretendía era criticar a los conservadores y defender a los progres (como suelen hacer estos del cine español), en realidad el tiro le había salido por la culata porque en aquella época los progres revolucionarios eran los cristianos, y los paganos, entre ellos Hipatia, eran "profundamente conservadores". Aparte de la incongruencia de que un cristiano militante abomine de los cristianos primitivos sólo para tener un argumento con que machacar a los progres, está el pequeño detalle de que el filme no presenta a Hipatia como una pagana. La presenta como una atea, que planta cara no sólo a los cristianos, sino a su propio padre, pagano, cuando éste decide llevar a cabo el primer acto de represalia contra los cristianos.

Hipatia representa la racionalidad, la búsqueda de la verdad y la duda científica ("tú no dudas de lo que crees --le dice al obispo de Cirene--; yo tengo que dudar"). Que un personaje de estas características resulte destacable y polémico más de doscientos años después de la Ilustración y las revoluciones americana y francesa me parece un poco preocupante. Supongo que por eso mismo es un personaje necesario, para alertar de los peligros del fanatismo y la irracionalidad. Otro tema es que cumpla su función. Una señora que tenía a mi lado en el cine bostezaba sonoramente cada vez que los personajes se ponían a hablar de astronomía. Al final de la película se levantó y rezongó: "No me ha gustado nada esto". Varias críticas de cine que he leído se quejan también de que se habla "demasiado"de astronomía, y de que es una película "fría". Supongo que esto último lo dicen porque la protagonista (que a mí me recordaba mucho a Anabel Alonso, por lo que me pasé toda la película esperando que hiciese un chiste que nunca llegó) no mira con ojitos de cordero degollado a ningún hombre, como toda heroína que se precie, ni se apasiona por nada (hay una escena un poco surrealista en la que mientras se oyen los gritos de una matanza perpetrada por los cristianos ella discute tranquilamente con los gobernantes de Alejandría). Sólo muestra emoción cuando descubre más o menos la primera ley de Newton (obviamente no la llama así) o, hacia el final, cuando llega a la conclusión de que la Tierra no se mueve en un círculo, la curva perfecta, sino en una elipse. (Uno de los argumentos por los que llega a esta conclusión me parece un fallo de guión tremendo, aunque puede que sea por ignorancia mía o porque entendí mal: Hipatia asegura que el sol aparece más grande, y por tanto está más cerca, en verano que en invierno. Creo que en el hemisferio norte es al revés, y que esta situación sólo se invierte en períodos de once mil años; que alguien que vea la película se fije por favor en esto y me lo confirme o desmienta). En fin, a mí no me pareció en absoluto fría; hay escenas de acción, aunque en ningún momento presentan a un héroe masacrando malandrines con justa saña, como suelen hacer los péplums, sino que muestran la violencia como una cosa muy fea y poco civilizada. Ver a cientos de fanáticos rabiosos gritando como posesos da mucho yuyu. Aunque tal vez los que van con regularidad al futbol ya estén acostumbrados.

Que en un péplum de alto presupuesto se hable de astronomía, de física y de curvas cónicas a mí me parece admirable, pero es uno de los principales peros que la gente le encuentra a la película. Tal vez es porque un espectador que no tenga noción de estos conceptos no entiende nada y se aburre en esos momentos. Por otro lado, cualquiera que haya acabado la secundaria debería tener noción de estos conceptos. En fin, me temo que pasa lo mismo que con el mensaje de la película: sólo lo entiende quien ya lo tenía claro desde antes.
Hay algún diálogo que chirría, la actitud de Hipatia resulta poco creíble en algunas escenas (como cuando entra y sale de las sesiones del gobierno como Pedro por su casa), y, como suele decirse, la peli sólo predica a los conversos. No es una película redonda. Pero quien la vea comprenderá que eso no es del todo malo en este caso.

miércoles, agosto 05, 2009

Frippante

El otro día fui al Centre Artesà Tradicionàrius (CAT) a ver tocar a Robert Fripp y la League of Crafty Guitarists. Si a alguien no le dice nada este nombre seguramente es porque nunca ha sido fan del rock progresivo o sinfónico que tuvo su auge en los setenta. Fripp fue fundador de uno de los grupos más célebres de ese estilo, King Crimson, y es el único miembro que se ha mantenido en la banda a lo largo de las diferentes formaciones que ha tenido. Aparte de eso, es considerado uno de los mejores guitarristas de rock. Y es el autor de las musiquillas de apertura y cierre del Windows Vista, su obra más decepcionante pero sin duda también la más escuchada. Tiene un estilo inconfundible y personal, obsesivo, casi frenético, y muy juguetón.

Supongo que este último rasgo es el que lo llevó hace unos veinte años a fundar una especie de secta; les enseña a sus discípulos de todo el mundo a tocar la guitarra con una afinación rara de su invención, y además los instruye en técnicas de relajación, Tai Chi y labores domésticas. Luego se los lleva de gira, con el nombre de League of Crafty Guitarists.

El CAT es una sala bastante pequeña en la que caben no más de 200 personas, a ojo de buen cubero. La performance (pues de eso se trataba, más que de un concierto) comenzó cuando se plantaron delante del escenario, a nivel de los asientos, unos veinte jóvenes con sendas guitarras no-eléctricas, en fila horizontal. Cuando yo temía que rompiesen a cantar Clavelitos, se pusieron a tocar una serie de acordes, escalas y arpegios de lo más frippianos. Lo interesante es que no tocaban todos lo mismo a la vez, sino que creaban una especie de efecto envolvente haciendo que las notas recorrieran la fila de un lado a otro. De esta guisa interpretaron varias piezas que yo no conocía y alguna que sí, como una versión instrumental de Helter Skelter, de los Beatles. Luego intensificaron el efecto envolvente colocándose en círculo alrededor de los asientos. Ahora las notas y acordes giraban y giraban en torno a nosotros, cada vez más deprisa, casi hasta producir vértigo. Aunque tal vez musicalmente aquello dejaba un poco que desear, como experimento sonoro era impresionante.

Después los músicos jóvenes se marcharon y dieron paso a los que supongo que eran los once alumnos más avanzados y al propio Fripp, que saludó al público con unas reverencias muy propias de un aristócrata inglés. Los músicos se sentaron en semicírculo en el escenario, y Fripp tras un armatoste electrónico que lo ocultaba casi por completo del público, salvo por su mano izquierda. Los guitarristas, siempre con el rostro impasible (otra de las técnicas inculcadas por Fripp, imagino), tocaron varios temas, esta vez con las guitarras no-acústicas amplificadas, lo que limitaba el efecto envolvente pero reforzaba el uso percusivo que se hacía a veces del instrumento (hasta el punto que en cierto momento aquello sonaba como una batucada) y los ruidos raros que a veces hacían con él, arrastrando la púa a lo largo de las cuerdas más gruesas, por ejemplo.

He de reconocer que el punto más débil de la performance fue para mí el propio Fripp. Por fortuna, le cedía casi todo el protagonismo a sus discípulos, pero cuando intervenía lo hacía con su Gibson Les Paul (la única guitarra eléctrica de toda la función), con la señal tremendamente procesada por un aparatillo que la hacía sonar como un vibráfono, una flauta o una sección de cuerdas. Era como si, en un campeonato de natación amateur, llegara Michael Phelps a competir con una moto acuática. Lo peor fue un momento en que los músicos dejaron a Fripp solo en el escenario con su guitarra y su aparatito. Estuvo unos diez minutos narcotizándonos con un solo soporífero que me recordaba las improvisaciones que hacían en los ochenta los teclistas que no eran muy buenos pero tenían sintetizadores capaces de hacer soniditos como del espacio (aunque en el espacio no hay soniditos). Por suerte luego volvieron los discípulos. Tocaron, entre otras cosas, una versión de Misión Imposible, guitarrera pero sumamente fiel a Schifrin. Al final, se desenchufaron todos y tocaron a pelo el tema de King Crimson 21st Century Schizoid Man, (que en cierta parte se parece mucho a Misión Imposible, por cierto). Estuvo bien, pero para mí lo mejor fue la obertura envolvente protagonizada por los discípulos más jóvenes. Me dieron ganas de ingresar en la secta, pero francamente me da mucha pereza aprender a tocar con una afinación diferente.

viernes, julio 31, 2009

Puntualizaciones sobre el tema de la huelga

Este blog normalmente sólo lo leen amigos y familiares. De alguna manera, mi comentario sobre la huelga de Eurocorset ha llegado a conocimiento de personas afectadas, tanto vecinos como huelguistas (o amigos de huelguistas). De haberlo sabido, seguramente habría redactado el texto de otra manera, y habría investigado más sobre el tema.

Efectivamente, lo ignoro casi todo sobre la huelga y sus motivos. En la web de Comisiones Obreras lo explican. Ahora sé que la fábrica que se cierra está en Badalona, no en mi calle. También sé, por otras fuentes, que los huevos no los tiraban los huelguistas, sino algún vecino. Mi artículo no pretendía ser un análisis a fondo del conflicto ni mucho menos, sino simplemente una descripción de cómo me afectaba a mí.

Me imagino que debe de ser durísimo para los afectados que los echen sin más, y obviamente es una situación que no le deseo a nadie. Tampoco soy tan insensible para no imaginar que quedarse sin trabajo de repente es mucho más duro que tener que aguantar unos gritos.

Cuando empezó la huelga, todas mis simpatías estaban con los huelguistas. Lo que ocurre es que, por parte de algunos de ellos, enseguida noté una falta de consideración grave hacia los vecinos. ¿Era necesario hacer pintadas tipo "Legionario español" y "viva España" en las casas de en frente? ¿Hacía falta dejar la calle llena de botellas? Sé que soy un afortunado por no haberme quedado sin empleo, pero no podía darme el lujo de tomarme vacaciones durante la semana que duraron las protestas. Tenía que trabajar, en casa, como siempre, y para mi trabajo necesito poder oír bien lo que tengo que traducir. El ruido casi constante, no sólo por las mañanas sino también durante parte de la tarde, me ha hecho casi imposible avanzar en mi trabajo esta semana. Eso supone una pérdida de ingresos para mí. Se me reprocha mi falta de solidaridad hacia los afectados, pero ¿por qué he de mostrar solidaridad hacia quien muestra un desprecio tan absoluto por mí y el resto de los vecinos? Me temo que quienes se quejan de la falta de solidaridad no pierdieron ni un segundo de su tiempo en pensar en el derecho a la tranquilidad de los que vivimos en esta calle. ¿No había otra forma de presionar? ¿No podían limitarse los gritos a las entradas y salidas de la gente de la empresa? ¿Tenían que ser a todas horas?

En fin, espero, y lo digo con toda sinceridad, que las protestas hayan servido de algo. Les ruego me informen al respeto. Así, al menos, esta semana tan desagradable para todos no habría sido inútil.

lunes, julio 27, 2009

A la p... calle

Hasta hace pocos días me consideraba de izquierdas, pero ahora siento una especie de solidaridad con las clases explotadoras. Y con los belgas.

Podría decirse que la calle donde vivo es un caso único, y no porque yo viva en ella. Está en la frontera entre dos barrios barceloneses con solera, Gràcia y el Eixample derecho, a diez minutos a pie del cruce de Diagonal con Paseo de Gràcia, uno de los puntos neurálgicos de la ciudad, y a quince minutos de la Sagrada Familia, lugar de peregrinaje actual para miles de japoneses. Es una calle pequeña, comprendida entre otras dos más importantes, y en total mide poco más de cien metros. En ella se alternan los bloques de apartamentos y casas de dos o tres plantas. Lo realmente curioso es que, además, hay fábricas y talleres, lo que convierte a mi calle en una especie de polígono industrial en miniatura. El tamaño de algunas de las naves es insólito hoy en día en una zona tan relativamente céntrica de la ciudad, ya que la inmensa mayoría de las industrias se trasladaron a las afueras hace décadas.

El caso es que la crisis sigue su avance imparable, y por lo visto la empresa que está en la esquina más alejada de mi casa (Eurocorset S.A.) ha puesto en marcha un Expediente de Regulación de Empleo y va a despedir a treinta y cinco personas. Si estoy enterado de ello no es precisamente porque en un despliegue de buena vecindad yo haya mostrado algún interés por la buena marcha de las fábricas cercanas, sino porque los afectados han tenido buen cuidado de que los vecinos nos enteremos.

El jueves, hacia las nueve de la mañana, un grupo de unas quince personas se instaló frente al edificio de Eurocorset S. A. provisto de sillas plegables, botellas de agua, pancartas del sindicato Comisiones Obreras y, como pude comprobar más tarde, también de cartones de huevos y latas de pintura en aerosol. Y, por supuesto, armados con un megáfono. Las consignas contra los belgas (aparentemente, los máximos responsables del ERE), contra el jefe local (un tal Tardà o Sardà) y contra los esquiroles sonaron de forma casi ininterrumpida hasta cerca de las siete de la tarde, hora del cierre de la fábrica. Grabados a fuego tengo en el cerebro cánticos como "Paro no,/ trabajo sí/ paro no,/ trabajo sí", "Que se entere todo Gràcia/ del robo que hay aquí/ que se entere todo Gràcia...", "Los belgas, cabrones/ nos tocan los cojones" o "Jordi, traidor,/ eres un peón". Incluso a la hora de la comida continuaba el asedio a aquel castillo de la lencería y la codicia infinita; el megáfono simplemente cambiaba de manos y se oían las mismas consignas, aunque salmodiadas por otra voz. Me llamó especialmente la atención el ensañamiento contra los trabajadores que no secundaban la huelga. Hacia las dos del mediodía oí que el griterío se intensificaba de forma considerable y que llovían insultos contra alguien. Me asomé a la terraza y vi a unas cinco personas que se alejaban, supongo que a almorzar, mientras los del piquete les gritaban el nombre del puerco y les tiraban huevos. Los esquiroles avanzaban sin volver la vista atrás en ningún momento, algunos de ellos tomados del brazo.

Más tarde pasé junto a los huelguistas y oí al cabecilla, sin duda el eximio vate que había compuesto tan inspiradas rimas, comentarle a alguien: "No, si hay catalanes de puta madre y del Madrid, y otros que son unos cabrones, como todo. Yo no soy de derechas... Bueno, soy de derechas porque voto al Partido Popular..." Si estas declaraciones me dejaron un tanto perplejo, cuando vi las pintadas en las paredes de unas casas situadas frente a la empresa (junto a las que insultaban al patrón y a los esquiroles, un "VIVA ESPAÑA" y otra que rezaba con castizo orgullo "LEGIONARIO ESPAÑOL") me sumieron en un profundo estupor.

Al día siguiente se repitió la jugada, de forma casi idéntica, pero esta vez los Mossos d'Esquadra (la policía catalana) tuvo que venir a escoltar a los esquiroles al mediodía para que pudieran salir a comer supongo que sin que los lincharan. Cuando llegó la hora de irse (hacia las tres de la tarde, puesto que era viernes), respiré aliviado al pensar que ya no tendría que volver a oír sus justas reivindicaciones, ni a experimentar una angustia desgarradora por mi absoluta impotencia frente a su situación. Como si me hubiesen leído el pensamiento, los huelguistas rompieron a corear de forma amenazadora: "El lunes más..., el lunes más." Luego se marcharon, dejando sus pintadas, botellas y huevos rotos en la calle. Por la tarde llegaron los del ayuntamiento a limpiar las pintadas ("viva Esp", nos dijo uno socarronamente cuando pasamos por allí, pues era todo lo que aún se alcanzaba a leer en la pared). Sin embargo, las botellas y los huevos, cuyo tono era cada vez más verdoso, ahí se quedaron.

Y, bueno, hoy lunes, puntualmente y tal como habían prometido, ahí estaban. Supongo que para no desgañitarse demasiado, hoy han traído consigo unos pitos de aire comprimido como los que se usan en el fútbol, un tambor y unos silbatos. Yo estoy intentando hacer unos subtítulos de un behind the scenes sacándolos "de pantalla" (es decir, sin guión ni nada, de puro oído) mientras, una y otra vez, me taladra los tímpanos el cántico "De la calle Santa Eulàlia/ no nos moverán/ de la calle Santa Eulàlia/ no nos moverán / larará larararara ra ra ra/ no nos moverán"). Y me dan ganas de matar a Chanquete. Si no se hubiera muerto ya.

Si, por alguna razón inconcebible y contra todo pronóstico, no los restituyen en sus puestos, podrían ganarse la vida perfectamente en Guantánamo (o el lugar a donde manden ahora a los supuestos terroristas) practicando la tortura psicológica.

miércoles, julio 08, 2009

La venganza de los caídos

El otro día conseguí vencer mi recelo habitual hacia el cine de arte y ensayo y fui a ver una película, ya no me acuerdo si era de Fassbinder, Kiarostami, Wong Kar-Wai o uno de ésos. Realmente no me arrepiento. Aunque, tal y como me temía, prácticamente no entendí nada, extraje del filme valiosas lecciones estéticas y vitales. Por ejemplo, descubrí que los robots tienen escroto y poseen la facultad de expulsar ventosidades. ¿Quién es el hombre para creerse el centro indiscutible del universo? También aprendí que cuando pelean entre sí es casi del todo imposible distinguir al bueno del malo, entre otras cosas porque, como muestra la foto, todos se parecen, no hay forma de saber qué están haciendo y tanto uno como el otro tienden a romper o volar en pedazos cualquier estructura o vehículo en un radio de cien metros. ¿Acaso no es éste un reflejo fiel de lo equivocado que está el maniqueísmo ético?
Descubrí que las ruinas de Petra están a menos de cinco minutos en coche de las pirámides de Giza, y ya estoy planeando mi fabulosa ruta turística para este verano, que incluirá la estimulante demolición de casas de los nativos, pocos y cobardes, como muestra la película, de modo que difícilmente opondrán resistencia.
Aprendí que, aunque tengas cara de tonto, hables como un tonto y te portes como un tonto, si tienes un Camaro amarillo que se convierte en robot (o viceversa), puedes conseguir una novia guapísima que, además de permanecer perfectamente maquillada y peinada incluso en medio de un intenso fuego cruzado en el desierto (¡y sin que se le salga una teta del escote cuando va corriendo!), se muere por tus huesos y te perdona aunque te sorprenda besando con lengua a una bella alienígena asesina rubia. Eso sí, tampoco se le puede exigir mucho más que eso, aunque, pensándolo bien, no es poco.
Descubrí que si mueres a causa de una explosión que te avienta a diez metros de distancia pero por lo demás te deja prácticamente intacto, vas a parar a una especie de cielo donde unos monstruos mecánicos gigantes y divinos te resucitan, siempre y cuando tú tengas que resucitar a tu vez a un robot gigante. (De hecho, es ése sí que es un final Deus Ex Machina, en todos los sentidos, aunque no sé por qué los monstruos divinos no resucitan directamente al robot gigante en vez de esperar a que medio Egipto y medio Oriente Medio --¿eso sería un cuarto de Oriente?-- queden arrasados).
También aprendí que la avaricia puede hundir la carrera de grandes actores como John Turturro al aceptar papeles en películas tan absolutamente descerebradas como ésta.
Al final no llegué a saber quiénes eran los caídos que se vengaban, pues en realidad todos los personajes se caen y se vengan más de una vez. Hay uno que se llama "The Fallen" incluso en la versión doblada y que no sé si se muere o huye o algo, pero que no fui capaz de distinguir en ningún momento de Megatrón ni de otros de los cientos de robotes que pululan por ahí haciendo mucho ruido.
Nah, ya lo pensé mejor: sí que me arrepiento.

jueves, junio 25, 2009

La noche más larga

Por estos pagos es tradición celebrar bulliciosamente la noche del 23 de junio, en lo que llaman la verbena de San Juan. Al día siguiente los asalariados no trabajan. Aunque la señalada fecha tiene lugar un par de días después del solsticio de verano, por algún motivo se dice que es la noche más corta del año. Tan convencidos de ello están algunos lugareños que se esfuerzan al máximo por hacer que esa noche les parezca interminable a los vecinos que no participan en sus celebraciones.

Cerca de mi casa hay una tienda de petardos y cohetes, situada de forma muy adecuada en la calle Perill (la misma donde está la piscina en la que los gordos que chapalean y las barcelonesas egocéntricas luchan encarnizadamente por el territorio). Como puede observarse en la foto (está un poco chueca porque la tomé subrepticiamente), el dueño de dicha tienda se aprendió a conciencia la lección sobre la propiedad conmutativa de la multiplicación, por lo que proclama con un llamativo cartel su fabulosa ganga de tres por cuatro (cartel que permanece ahí colgado todo el año, por cierto). Pues bien, a pesar de la cacareada crisis y de lo poco tentadora que parece en principio la oferta del "3 x 4", los amorosos padres hacían cola ante la tienda con sus tiernos retoños ya dos días antes de la verbena, como se aprecia en la imagen.


En casa los de esa tienda nos echan en el buzón un folleto de propaganda muy bien impreso (y en el que destaca el personalísimo sello de la casa, el del "3 x 4", aunque más abajo, para las contumaces mentes cartesianas, se aclara que dicha oferta consiste en "pagar 3 y llevarse 4", y no en lo contrario). En dicha publicidad aparecen fotos vistosas de una amplia variedad de paquetitos multicolores con nombres tan bonitos como "monos saltarines", "estrellas azules", "100 chinos", "el drac de Sant Jordi", "nit de les bruixes" (da gusto ver que la normalización lingüística en el mundo de la pirotecnia va por buen camino), y unas cajas de aspecto ligeramente más amenazador llamadas "baterías", con nombres como "Tramuntana", "Tempestat" (eso, que yo sepa, no es ni catalán ni castellano... ¿valenciano, tal vez?), "Matrix" y "Manhattan", bautizado así no sé si en honor del proyecto homónimo o de la catástrofe del 2001.

Por lo que he podido comprobar, los productos pirotécnicos que gozan de mayor predicamento entre el entrañable chiquillerío no son bonitas fuentes de luces de colores, bengalas o hermosos cohetes de fuegos artificiales, sino unos ingenios infernales denominados truenos (unos de ellos llevan, por ejemplo, el elocuente nombre de "T.N.T"), cuya única gracia reside en detonar con un estampido ensordecedor. Si oír una cosa de ésas a menos de cincuenta metros provoca un colapso instantáneo del sistema nervioso periférico, ya se imaginarán el efecto que produce pasarse una noche entera (no, los tiernos retoños no se acuestan sino hasta las cinco o seis de la mañana) oyendo cerca de tres de esas explosiones por minuto. Sobre todo si uno incurre en la insensata sosería de intentar dormir.

Los que peor lo pasan son sin duda los perros. Según un artículo del periódico, cada año mueren unos cuantos atropellados o aplastados en la acera al saltar desde un balcón o ventana en su frenético intento de huir del ruido. Nuestros dos perritos la habían llevado bastante bien en años anteriores, pero por algún motivo misterioso se han vuelto hipersensibles. Cada vez que oyen un petardazo en la calle (cosa bastante frecuente, porque como pasan pocos coches, los deliciosos infantes aprovechan para campar a sus anchas), se encogen violentamente y se echan a temblar como una hoja. En la foto se puede ver a Sanchito paralizado en el suelo de la cocina (para aquellos poco duchos en lenguaje corporal de los carlinos, he de decir que cuando tienen la cola baja en vez de enroscadita hacia arriba como un puerquito, es porque no están nada contentos). Un par de días después, Tau, el otro perrito, todavía tiembla cuando salimos a la calle, y eso que ahora ya casi nadie tira petardos.

Un titular del periódico del día siguiente reza: "Verbena de Sant Joan, tranquila y sin incidentes graves". Es por la cacareada crisis, supongo. Sin embargo, más abajo leo que "un total de 279 personas han recibido asistencia hospitalaria en Catalunya, diez más que el año pasado [...] La mayoría por la atención médica (sic) ha sido por quemaduras y por afectaciones oculares producidas por las hogueras y los petardos". Leo también que hubo que desalojar a 200 vecinos de una urbanización de Begur por un incendio. En efecto, una verbena tranquila. Qué bonito es conservar las tradiciones. Hijos de su puta madre.


domingo, mayo 31, 2009

Diario de un superviviente

31 de mayo

La situación es desesperada. Veo signos de remisión, pero sé por experiencia que son traicioneros. Temo que el fin esté cerca.

Comenzó hace unas semanas. Una noche, surgieron varios brotes simultáneamente en diversos puntos de la ciudad, uno de ellos un bar muy cercano a mi casa. Los infectados comenzaron a aporrear las mesas, a trasegar cerveza barata y a emitir unos alaridos ininteligibles que helaban la sangre. Pocos minutos después, la infección se transmitió a personas que iban al volante y que se pusieron a dar claxonazos estridentes con un ritmo vagamente parecido al de los tambores de guerra bantúes. Las motos daban vueltas ruidosamente por la ciudad, en un frenesí apocalíptico que agitaba las fuerzas más negras y telúricas que anidan en el alma humana. Grupos de infectados ataviados de forma pintoresca y armados con largas varas de las que colgaban telas de dos colores, patrullaban las calles e instaban a los transeúntes a repetir sus demoníacos cánticos.
Al día siguiente, la prensa y la televisión no hablaban prácticamente de otra cosa, aunque me temo que los periodistas ya habían contraído también el extraño virus, pues describían el fenómeno con un entusiasmo patente, muy alejado del pasmo y la aprensión que se habían apoderado de mí.

Entonces comprendí que, por algún motivo misterioso, yo era inmune.

El fenómeno perdió intensidad para volver a cobrarla con más fuerza unos días después, y el tercer y más virulento recrudecimiento se produjo el pasado miércoles. Las hordas de infectados alcanzaron el paroxismo no mucho antes de la media noche, y se congregaron masivamente en una zona céntrica de la ciudad para librarse a una orgía desenfrenada de alaridos y furiosos brincos. Algunos incluso arrancaron semáforos, rompieron escaparates e hirieron a miembros de las fuerzas del orden, que tal vez aún no habían contraído el nefasto virus, o tal vez arremetían contra los revoltosos con la misma rabia e irracionalidad con que estos los atacaban a ellos.
Los días siguientes, incluso los intelectuales de mente preclara que habitualmente escribían artículos sesudos sobre temas fundamentales para el ser humano, publicaron el equivalente literario a los alaridos ininteligibles que la víspera se oían por la calle.

Temo ser el último hombre cuerdo que queda. Ruego a Dios que, si hay otros como yo, hallen una manera de ponerse en contacto conmigo.

De momento me siento solo. Muy solo. Y tengo miedo.

jueves, abril 30, 2009

Basta de "gripe mexicana"

No he podido contenerme y le he enviado la siguiente carta a El Periódico de Catalunya:

Leo que las autoridades sanitarias europeas quieren cambiarle el nombre a la gripe porcina para evitar perjuicios a la industria cárnica. Proponen, por ejemplo, que se emplee la expresión "nueva gripe". El Periódico, por su parte, se empeña en llamarla "gripe mexicana". El virus ya está dañando bastante la economía de México, mi país natal, debido al cierre de comercios, la paralización general de la sociedad y el decrecimiento del turismo. Sólo falta que se acabe generalizando la denominación "gripe mexicana" para acabar de hundir el país y aumentar los casos de xenofobia antimexicana, como ya ocurre en Estados Unidos. ¿Merecen más consideración los cerdos que los mexicanos? Les ruego que usen otra denominación.

El Xevi


El Xevi fue pastor de vacas en los Alpes suizos. De vez en cuando se le despeñaba alguna, y la localizaba por los buitres que revoloteaban sobre ella. Según él, eran enormes y tenían un aspecto amenazador (los buitres, no las vacas), y un día despertó de una siesta al aire libre para encontrarse rodeado de ellos.
El Xevi fue hippy en París, donde estudiaba arte dramático, creo, y se colaba en el Metro sistemáticamente.
El Xevi realizó una gira por África con un circo, en el que hacía de payaso tonto blanco, lo que arrancaba las carcajadas del público. Por lo visto, las negritas tenían una forma muy carnal de agradecer toda atención o regalo que se les brindase, así que él se benefició a algunas.
El Xevi recorrió la India en moto, y recibió una cornada monumental de una vaca sagrada por rescatar heroicamente la flautita de una chica que la bestia estaba a punto de pisar.
El Xevi fue la primera estatua viviente de la Rambla. Hoy en día, éstas son imágenes icónicas del paseo barcelonés.
El Xevi tuvo papeles secundarios en varias películas y series, como las de Makinavaja, y papeles protagonistas en cortos como Aftermath, donde hacía de cadáver al que le practicaban una sangrienta autopsia.
Una vez, el Xevi pasó hachís a España desde Marruecos en un transbordador, como lo hacen los profesionales: con la sustancia ilegal metida en un condón, y el condón metido en salva sea la parte.
El Xevi vivía en una furgoneta debidamente acondicionada, y se ganaba la vida trabajando como clown en las zonas concurridas de Ibiza. Una vez fueron a entrevistarlo para un programa de TV3 que supuestamente exploraba los estilos de vida alternativos, pero los periodistas se empeñaron, sobre todo, en que él les enseñara cómo funcionaba el váter químico que él tenía en la furgoneta.

Yo lo conocí hace unos 15 años en un curso de guión. Él quería hacer un corto sobre un marciano-clown que tenía un mando a distancia con el que le hacía algo a la gente (no recuerdo exactamente qué). A raíz de eso, formamos, junto con otros compañeros de clase, un grupo que en teoría se iba a dedicar a hacer cortos pero que más bien degeneró en un club variopinto de amigos que se reunían cada semana a charlar, reírse, beber, pelearse y, de vez en cuando, escribir, planear o incluso rodar algún corto. Yo aprendí a imitar la voz de viejito prematuro pero muy vital de Xevi, y su saludo característico, "hola macos", lo que provocaba la hilaridad de los demás. Él contaba sus incontables aventuras (valga el oxímoron), que ya eran bastante interesantes de por sí, con una gracia especial que acompañaba con sus estudiados pero ya interiorizados gestos de clown. A veces, cuando preparábamos algún corto, el Xevi resultaba desesperante, porque si se le metía una idea en la cabeza insistía en ellauna y otra vez, incluso cuando ya los demás la habíamos aceptado. Era un niño grande en muchos sentidos.
También era un superviviente: había sobrevivido a la infección a la infección provocada por los esmerados cuidados que le dispensaron en una clínica de pueblo de la India tras la cornada de la vaca. Sobrevivió a la hepatitis, creo que C, e incluso parecía haberse curado de ella, pese a que dicen que es crónica. Se había salvado de un atraco en las calles de Brasil poniéndose en guardia en una postura de púgil que seguramente hizo que el atracador se creyera en presencia de una especie de extraterrestre como el del corto planeado (y nunca realizado) de Xevi. Más recientemente, sobrevivió a una meningitis que lo dejó en coma durante pocos días. Más tarde dijo que había sido el viaje más alucinante de su vida (en su delirio se metió un termómetro por el agujero del pene; una escena dantesca pero que él describía de forma muy chistosa). Aseguró que, después de eso ya no valía la pena volver a tomar drogas duras (que tampoco tomaba muy a menudo).
El miércoles de la semana pasada, el Xevi estaba en Ibiza, en su furgoneta. Hacía una noche inusualmente fría para esas latitudes a finales del mes de abril (el cambio climático de los cojones), así que cerró las ventanas y encendió su estufa de butano para calentarse. Seguramente se fumó un porrete (eso no lo había dejado después del coma) y se quedó dormido. En algún momento de la noche, la estufa se apagó, pero el gas siguió saliendo. Por lo visto él no se enteró de nada. Lo encontraron dos días después, en la cama.
Ayer fue su entierro, en su Olot natal. Tenía sólo 55 años, pero si algo no se puede decir de él es que haya vivido poco.
Adéu, maco. Bum-bum.

viernes, marzo 06, 2009

A pesar de todo, el doblaje es un arte

Yo siempre he sido de esos esnobs que defienden el cine en versión original subtitulada frente al doblaje. Ya se sabe: la película no doblada es mucho más fiel a la obra original, la interpretación de los actores no se aprecia en su totalidad si no es oyendo sus voces auténticas, el doblaje da risa porque no encaja bien con el movimiento de los labios, etc., etc. Además, en México los subtítulos son (o eran durante mi infancia) mucho más habituales que el doblaje en los cines, de modo que cuando llegué a Barcelona me horrorizaba tener que ver las películas dobladas, y para colmo con acento gachupín.

Pues bien, pues ahora que me he acostumbrado al acento gachupín y traduzco películas tanto para doblaje como para subtítulos, puedo matizar un poco mi antes intransigente postura respecto al doblaje. Para empezar, ahora que me gano la vida en parte gracias al doblaje, curiosamente lo miro con mejores ojos, ve tú a saber por qué. En segundo lugar, es cierto que la interpretación de los actores no puede apreciarse en su totalidad sin oír sus diálogos originales. Lo que ocurre es que, si la interpretación de los actores ES MALA, el doblaje puede mejorarla (no es lo habitual, cierto, pero es indudable que pasa, y hay actores de doblaje muy buenos); además, hay artistas de la gran pantalla que no tienen una voz acorde con su físico (léase Bruce Willis o Tom Selleck, por ejemplo, que tienen voz de pito), y en cambio sus dobladores sí. En tercer lugar, hay un aspecto en el que el doblaje es más fiel al original que los subtítulos, sobre todo si pensamos en el público que realmente no entiende el idioma original, o lo entiende muy poco. Los subtítulos presentan una limitación muy grande de espacio. Para que el espectador tenga tiempo de leerlos y además de enterarse de lo que pasa en la pantalla, los subtítulos tienen que ser muy breves. Por lo tanto, con frecuencia hay que condensar mucho el texto, lo que supone el mayor quebradero de cabeza para el subtitulador, que tiene que buscar sinónimos, paráfrasis o ideas que resuman lo más fielmente posible el sentido de la frase original. En el doblaje este problema es mucho menor (aunque existe, porque en castellano, por ejemplo, necesitamos por lo general más sílabas que las que se requieren en inglés para expresar una misma cosa; supongo que en mandarín pasa lo contrario). Por lo tanto, el texto traducido puede ser mucho más fiel en el doblaje que en los subtítulos. Evidentemente, lo más fiel es oír las voces originales, pero si no entiendes ni papa, el doblaje es una opción que puede permitirte disfrutar más de la película y, de una manera algo tramposa, cierto, pero eficaz, identificarte más con los personajes.
En fin, ahora la Generalitat ha sacado un proyecto de ley para que sea obligatorio que el 50% de las películas que se exhiben en Cataluña estén dobladas o subtituladas en catalán (o algo así), de modo que los espectadores puedan escoger libremente en qué idioma quieren verla. Esto en principio me parece muy loable, pero las cosas loables no siempre pueden conseguirse a golpe de decreto, y de buenas intenciones está lleno el infierno, o como se diga. Por lo visto, a las majors estadounidenses esta medida no les mola nada porque les haría perder dinero, y ya he oído alguna noticia en el sentido de que pueden tomar represalias contra los estudios de doblaje catalanes dejándolos sin trabajo. En fin, espero que no sea más que un rumor. 

jueves, enero 29, 2009

Soy multiculti, ¿y qué?


Aclaro: ni llevo rastas, ni ropa de colorines estampada en Burundi, ni collares de conchas, ni pañuelo palestino, ni toco la flauta por la calle acompañado por un perro, ni me pirra la world music ni compro artesanías hechas con latas recicladas por niños tuertos en Bangladesh. A veces voy greñudo, pero más bien por pereza de ir al peluquero, y sí, toco la flauta (el tin whistle, para ser exactos), pero en casa, y cuando lo hago mis perros salen huyendo.

Pero no dejemos que los estereotipos nos desvíen de lo que es importante.Recuerdo que cuando viajé a Londres por primera vez, hace casi veinte años, me sorprendió agradablemente ver a tanta gente de orígenes muy distintos que aún conservaba el atuendo, el idioma o la cocina de sus respectivos países. Me maravillaba ver tiendas, restaurantes y otros establecimientos rotulados con palabras ininteligibles para mí o incluso con caracteres exóticos. Hoy en día este fenómeno se ha extendido a otras partes del mundo, Barcelona incluida, pero veo que a muchas personas no es que no les haga ilusión, sino que se mesan las barbas cuando ven por la calle a una mujer con velo (a menos que sea monja) o a gente, normalmente de piel más oscura, que va hablando en algún idioma que no entienden. Se consideran agredidos en su propia casa. Como el tipo del chiste, ese tipo de gente es muy abierta y dispuesta a aceptar a quien sea, siempre y cuando se esfuerce en ser como ellos y en hacer lo posible por que no se note que viene de fuera.

Cierto, normalmente la gente que emigra no es de un nivel socioeconómico muy alto, por lo que en algunos casos tiene que delinquir, y en otros puede tener costumbres que molesten a los aborígenes, como escupir en la calle, poner la música a todo volumen, golpear a su mujer a horas intempestivas, etcétera. Es evidente que hay cosas que no se pueden o deben tolerar.

A decir verdad, a mí nunca me ha atracado un extranjero, nunca he tenido problema con ninguno, y me parece fantástico tener a menos de 300 metros de mi casa un restaurante nepalí, dos chinos, un japonés, uno peruano y uno turco (atendido por un chino). Si todos se dedicaran a servir tortilla de patatas con pan con tomate, qué quieren que les diga, sería un poco más aburrido. Por cierto, también tengo cerca varios restaurantes que sirven tortilla de patatas con pan con tomate, así que no hay que temer por la pervivencia de las costumbres autóctonas.

Suena cursi, tópico y, sí, multiculti, pero no puedo evitar creer que una sociedad en la que conviven en paz personas de culturas diferentes es una sociedad más rica.

martes, enero 27, 2009

A merced del veleidoso Destino

El otro día volví a nacer. Tuve una experiencia de esas que te recuerdan lo frágil que es la vida y cuán indefensos nos hallamos ante los caprichos del azar.

Empezaba a notar un dolor cada vez más fuerte en los dedos del pie derecho que me obligaba a cojear ligeramente al andar. Como la noche anterior había asistido a un maratón de country, di por sentado que mis entusiastas y no por ello poco ágiles evoluciones y taconeos en la pista de baile, con los pies enfundados en mis viriles pero rígidas botas de vaquero rudo hechas en China, eran la causa de esa molestia. Así que no le di mayor importancia.

Iba ya a irme a dormir, con los calcetines puestos, como suelo hacer pasra sobrellevar los rigores del invierno, convencido de que, como me había quitado los zapatos, el dolor habría desaparecido por la mañana. No obstante, la señora que vive conmigo aventuró que tal vez sería conveniente echar un vistazo a ese dedo dolorido. Yo no tenía ganas, pero si la experiencia me ha enseñado algo es que los consejos de esa señora más vale tenerlos en cuenta, por impertinentes que parezcan en un primer momento, así que me quité el calcetín con indolencia.

¡Oh, dantesco espectáculo! ¡Oh, imagen horrífica que desde aquel aciago día me atormenta en mi agitado sueño! En torno al meñique de mi pie derecho, enrollado como si me lo hubiese atado allí para acordarme de algo, había un pelo, negro, largo y rizado (como los de la señora que vive conmigo) que me apretaba el dedo hasta tal punto que el extremo de éste se había hinchado como una morcilla y empezaba a presentar el tono liláceo que no puede asociarse a la carne humana sino en estado de asfixia o putrefacción incipiente.

Ignoro cómo pudo pasar una cosa así. Sin duda el pelo ya estaba dentro del calcetín cuando me lo puse, pero el modo en que llegó a formar un torniquete tan pulcramente apretado en torno a mi dedo pequeño es algo que escapa a mi entendimiento. El caso es que sólo de pensar en lo que habría ocurrido si me hubiera pasado toda la noche con ese pelo constriñéndome el más frágil y diminuto de mis miembros (un cuadro aterrador de dolor lacerante, gangrena y amputación), me estremezco y un sudor frío me baja por la espalda.

Estoy empezando a contemplar la posibilidad de animar a la señora a llevar el pelo corto.

jueves, enero 22, 2009

Candidaturas a los Óscares

Sí, "Óscares". Así se dice (o se decía) en México, y me parece una forma más bonita y natural de pluralizar el nombre del premio, que al fin y al cabo es un objeto y no un señor.

En fin, las candidaturas, o nominaciones, para los Óscares de este año ya se conocen. No he visto ninguna de las cinco cintas que optan al premio a la mejor película. Tampoco se me antojan demasiado. Tal vez la de Benjamin Button. Aunque salga Brad Pitt maquillado todo asqueroso. Claro que prefiero eso a verlo con el torso desnudo y precipitadamente musculado, como en Troya.

En fin, vamos a lo importante. ¿Qué les dijo Chimichambo hace más de tres meses? ¿Eh, niños? Aunque soy demasiado bien pensado para suponer que ya no se acuerdan, que no lo entendieron o que ni lo leyeron, les refresco la memoria, por si acaso. Fíjense en la frase marcada con el asterisco. Es decir, la que va antes del asterisco. No la de después. Que hay que explicarlo todo. Pues chimichambo acertó, señores.

En fin, me temo que, desgraciadamente, pasará lo mismo que en los Globos de Oro y el difunto Heath Ledger, cual Cid Campeador, se alzará con el premio aun después de fenecido, arrebatándoselo a quien realmente lo merece: Robert Downey Jr. (lo aclaro para quienes no se molestaron en ir al enlace que les pongo arriba). No sé si ya lo dije: Ledger era un gran actor, como demostró en Brokeback Mountain, pero el personaje de yonqui nihilista y pasota que hace en el bodrio infumable de Batman no tiene mayor interés que el maquillaje y la ropa que lleva.

Los demás premios no me importan, de momento. Pe está nominada a la mejor actriz secundaria, cosa que acabará obligándome a alquilar Vicky Cristina Barcelona en video, porque no puedo creer que Pe actúe bien en ninguna película y eso tengo que verlo.

Me indigna que Kung Fu Panda sea candidata a mejor filme de animación pero que en cambio la Academia haya pasado por alto su magnífica banda sonora original, una lírica y evocadora música de corte chinesco compuesta por Hans Zimmer y/o John Powell. La película en sí es entretenida, pero no es ninguna maravilla. Bueno, Bolt menos. Y Wall-E no es tan perfecta como dicen, aunque tiene alguna que otra escena muy buena y el personaje en sí es extraordinario en cuanto a animación y diseño (aunque parece una copia mejorada del robot de Corto circuito, entrañable y aburridísima película ochentera).

En fin, es todo lo que tengo que decir al respecto. Se admiten opiniones e insultos.

lunes, enero 12, 2009

37

Hace casi un mes (no se trata precisamente de una novedad, pero bueno, esto no es un periódico) fue mi cumpleaños. No lo digo para que se me envíen felicitaciones tardías ni regalos varios (aunque no estaría mal), sino porque para mí cumplir 37 años ha sido bastante traumático.

Desde que era niño, para mí los 37 años eran la edad del papá de Mafalda. Sí, desde mi más tierna infancia leía y releía con avidez esas tiras cómicas, pese a que no entendía ni la tercera parte de los chistes (y ahora que los entiendo no me hacen tanta gracia). Tanto es así que creo que me sé de memoria la mayoría de los diálogos. Y resulta que hay unos tres o cuatro chistes que se hacen a costa de la edad del papá de Mafalda (por cierto, la mamá se llama Raquel; ¿alguien sabe cómo se llama él?). El pobre hombre, que vive permanentemente en un estado próximo al colapso nervioso debido a las preguntas de la repelente de su hija, empieza a sufrir achaques en la espalda, si mal no recuerdo, y lo atribuye a sus 37 años. En otra viñeta, Miguelito lo espía y le pregunta horrorizado a Mafalda "¿Qué pila de años decís que tiene?" Ya en su día, pese a mi corta edad, esto me pareció una burda exageración. ¿Por qué se escandalizaba tanto? ¿Es que Miguelito no tenía abuelos? (Sí, sí los tenía, de hecho, y uno de ellos era ferviente admirador de Mussolini). Aun así, era una edad que yo veía muy lejana. Ahora ya la tengo encima, y de vez en cuando noto algún achaquillo como los del papá de Mafalda. A pesar de todo, no me siento como un señor respetable y responsable, y eso me preocupa. A mi edad, el papá de Mafalda ya tenía una esposa, una hija, un coche (una carcacha de la que se ríe todo el mundo, pero un coche al fin y al cabo) y la vida amargada. Tal vez no estoy cumpliendo del todo bien con mis obligaciones de adulto de clase media. Eso sí, mi aspecto por las mañanas no es mejor que el del papá de Mafalda.