miércoles, diciembre 17, 2008

En un suponiéndonos...

¿Qué les parecería que se decorase un colegio público con imágenes de una persona sufriendo lo indecible en un instrumento de tortura? ¿Y si cuando alguna autoridad decide retirar esas imágenes, saliera un grupo de personas protestando y diciendo que esa retirada atenta contra su libertad y la cultura occidental?
Bueno, pues algo así pasa en algún lugar de la península Ibérica, donde en algún colegio público han decidido quitar un crucifijo. Hoy se quejaba amargamente de eso en la radio la valquiria, que clamaba al cielo por los rabiosos ataques que los laicistas están lanzando contra la indefensa comunidad católica, y los comparaba con los asesinatos de curas previos la guerra civil ("se me ponen las carnes de punta", ha sido la simpática perla de hoy de la valquiria).
A ver, yo no soy creyente pero tampoco anticatólico, ni mucho menos. Recuerdo con afecto la época en que mi abuelita me hacía rezar "cuatro angelitos tiene mi cabecera" después de arroparme en la cama, y contra la voluntad de mis papás. Además, desde el punto de vista ideológico el catolicismo es la religión con la que más me identifico, o tal vez la segunda después del budismo, que no conozco lo suficiente pero que debe de estar muy bien para que la practiquen Richard Gere y Lisa Simpson.
También es cierto que el crucifijo es un símbolo importantísimo para Occidente, aunque en sentido estricto lo único de origen netamente occidental que tiene es el instrumento de tortura en sí, la cruz, introducida con entusiasmo por los romanos en Oriente Medio, que es de donde salen todos los demás elementos del judeocristianismo.
En fin, huelga decir que estoy absolutamente a favor de la separación Iglesia-Estado, etcétera, y que los edificios públicos no me parecen el mejor sitio para poner crucifijos, y menos aún los colegios, donde a lo mejor los hijos de alguna pareja de descreídos pueden quedar traumatizados ante la imagen de aquel pobre hombre ensangrentado y clavado a una cruz.
Al fin y al cabo, el laicismo, al igual que la cruz, es un producto netamente occidental.

jueves, diciembre 04, 2008

Somos asfixiantes

Es duro ser latinoamericano. Si te quedas en tu país, tienes que sufrir a diario los inconvenientes derivados de un sistema ineficaz y con frecuencia corrupto que arrastramos de la época colonial, o a lo mejor de antes. Pero si te vas a otro país te encuentras con que los latinoamericanos tenemos una fama aún peor fuera de nuestras fronteras que dentro.

Yo no puedo quejarme; en los más de 20 años que llevo viviendo en Barcelona no he tenido ni un solo problema debido a mi origen, aunque seguramente ayuda el hecho de que se me ha pegado un poco el acento de aquí, chapurreo el catalán y físicamente no se nota demasiado que soy de fuera. De todos modos, la gente de aquí no tiene actitudes xenófobas, o no las tenía antes de la última gran oleada de inmigración.

Pero el otro día, Jordi Pujol, que fue durante veintipico años presidente de la Generalitat, gobierno autónomo de Cataluña (contrariamente a lo que muchos creen, no es el ser que aparece en la foto), se despachó a gusto. Dijo: "Si no tuviéramos el problema de la inmigración estaríamos mejor que nunca" (no sé si especificó quiénes), y recalcó hasta tres veces que dicho "problema" era el principal de Cataluña.
El ex president concreta aún más en dicho libro: según el Periódico, sostiene que es "más difícil" integrar hoy a los inmigrantes latinoamericanos que a los andaluces durante el franquismo, y llega a sostener que "más que un marroquí, la religión aparte, a los latinoamericanos les cuesta entender la catalanidad". No sé si su venerable esposa, que puso el grito en el cielo hace unos años por la construcción de una mezquita, estaría de acuerdo.

Pujol dice también que los latinoamericanos, más que los inmigrantes procedentes de culturas lejanas, podemos "llegar a ser una presión española especialmente asfixiante para Catalunya". ¿Los que venimos de países que se independizaron de España hace casi dos siglos y donde se grita "mueran los gachupines" o cosas similares en el día nacional podemos llegar a ser "una presión española"?

Pero tal vez el ex honorable tenga razón. Tal vez los latinoamericanos tengamos una incapacidad congénita para entender "la catalanidad". Yo mismo la entiendo cada vez menos; entiendo a muchos catalanes (convivo con una), entiendo muchas de sus reivindicaciones y temores. Pero ¿"la catalanidad"? ¿Eso qué es? Para mí tiene tan poco sentido como la "mexicanidad", o la "latinoamericanidad", palabras que yo creo que ni siquiera existen. ¿Qué es la catalanidad? ¿El hecho de hablar catalán? ¿Comer butifarra? ¿Bailar sardanas? No creo que nada de eso sea difícil de entender, ni siquiera para alguien tan obtuso como un latinoamericano. ¿La catalanidad es el sentimiento que tienen muchos catalanes (aunque no todos) de ser diferentes de los españoles? Eso le queda claro a cualquiera que pase más de dos días aquí (y no se quede encerrado en un cuarto a oscuras). O a lo mejor la catalanidad es una cualidad más mística, inexplicable, telúrica, que sólo comparten quienes tuvieron antepasados remotos que nacieron y padecieron aquí.

Jordi Pujol es aún una figura respetada, y declaraciones como ésta pueden provocar que los latinoamericanos estemos peor vistos, como si no tuviéramos ya bastante mala prensa gracias a los que ponen reggaetón en su móvil a todo volumen en el metro. Lo que no sé es si a Pujol le parecerá tan asfixiante que, cuando sea un viejito decrépito (cosa para la que no le falta tanto), la persona que lo saque a pasear y le limpie el culo sea, como en la mayoría de los casos, latinoamericana.

martes, diciembre 02, 2008

Mamá Ladilla

Para mí es el mejor grupo español (no, esta vez no es ironía) de los últimos diez o veinte años, o a lo mejor de siempre. No lo conocía, ni siquiera lo había oído nombrar, hasta que un joven colega traductor me habló de él hace un par de años y ensanchó con ello mis horizontes musicales.

¿Por qué me gustan tanto? No es sólo por la curiosa coincidencia entre la mascota del grupo y la de este blog (sí, aunque sólo tiene tres extremidades, se supone que Chimichambo es una ladilla). A riesgo de quedar como un esnob repugnante (nadie es perfecto) diré que no es en absoluto un grupo para las masas, y el abigarrado conjunto de características que lo hacen tan especial lo condenan ya desde su origen a tener un número relativamente pequeño de seguidores.

Por su nombre, por un par o tres de canciones de corte escatológico o sicalíptico como Devórate otra hez o Fornicio Mix, y, tal vez, por el modo en que ellos mismos se venden, de entrada dan la impresión de ser un grupo de letras graciosillas e intrascendentes tipo Toreros Muertos, No me pises que llevo chanclas o Mojinos Escozíos. Desde el punto de vista de la música, a primera vista parecen un grupo de rock guarro o punkarra tipo Siniestro Total o La Polla Records.

Pero eso es en la superficie. En realidad, a diferencia de los punks tradicionales, estos tipos son buenos músicos. Juan Abarca, guitarra, voz y alma del grupo, sabe tocar la guitarra clásica, y en algún tema lo demuestra. De hecho, salvo en las canciones más chorras como Chanquete ha muerto, sus canciones tienen una complejidad rítmica e instrumental (pese a que sólo son guitarra, bajo y batería) más propia del rock progresivo que de las ruedas de acordes y ritmos machacones del rock punk. Sin embargo, con este género comparte el sonido sucio de la guitarra, algún ritmo acelerado (pero no machacón) y la actitud transgresora. Y cuando digo transgresora, lo digo en el sentido más auténtico de la palabra. No van de duros, no llevan unas pintas escandalosas ni peinados raros ni piercings en el arco supraciliar. No se cagan en la "puta sociedad", al menos directamente, ni abogan por la destrucción de todo, ni corean consignas. El cantante no se desgañita (aunque, todo hay que reconocerlo, canta bastante mal). Su música es más difícil, en absoluto pegadiza, no se te graba en la cabeza enseguida a base de repeticiones melódicas. Sin embargo, encaja perfectamente con las letras, que tampoco son fáciles, por cierto, pues no se limitan a halagar a su público culpando de todo al sistema o a los demás, sino que son genuinamente provocadoras (¿alguien se imagina a Johnny Rotten cantando: "Lee, burro, lee, burro, aunque no tenga dibujos ni resultados del fútbol, y no sirva para hacerse pajas"?). Así pues, no es de extrañar que a los aficionados al pop les parezcan demasiado ruidosos, a los aficionados al punk o al heavy demasiado blandos, y a todos en general, demasiado raros.

Vuelvo a las letras. No sólo hacen una crítica social que huye de los tópicos, sino que les gusta jugar con las palabras (como se aprecia en los títulos de sus discos: Autorretrete, Analfabada, Requesound...), jugar con los sonidos mismos de las palabras, con las aliteraciones, al más puro estilo de la poesía modernista. Intente usted repetir la siguiente frase lo más rápidamente posible (como hace el cantante) y entenderá a qué me refiero.

No pienso estar permanentemente pendiente del tejemaneje que te traigas.

O véase la primera estrofa de Risión cumplida, canción en la que se despoja por completo a las palabras de su significado:

Benemérita. Torquemada. Benalmádena. Sabiñánigo.
Nicomedes. Ataúlfo. Perogrullo. Coprofagia.


Un ejemplo magnífico de este espíritu juguetón con el lenguaje es el siguiente relato, En el vergel del Edén, recitado en uno de los discos con el acompañamiento de la guitarra clásica de Juan Abarca al fondo, y cuya amplitud de vocabulario demuestra que esta gente predica con el ejemplo y lee:

En el vergel del Edén, embébese Esther del leve mecer del relente:
-Excelente, vegeté tres meses en el éter... ¡fetén!

De repente Pepe, ese mequetrefe que es el gerente de Mercedes Benz, se yergue de entre el verde césped, emergente el repelente pene.

Esther se estremece:
-Behj, ¡qué peste! ¿Qué pesebre es este? ¿Es que repeles el gel? ¿Crees que este pene es decente?

Enternécese Pepe:
-Es que dejé que el semen que eyecté se reseque. Pensé: "Que estrene Esther este presente". Te reservé merengue de trece meses. ¡Bebe, bebe!

-¿Beber? ¿Beber de ese enclenque esqueje? ¿Crees que me embelesé? ¡Que te den! ¡Qué cerdete eres! Que te enteres: mereces fenecer en el retrete, entre heces que defeque Peret. Enfermé de verte, ¡vete, vete! ¡Métete el pene en el bebes! ¡Entretente este semestre en extender ese repelente semen en el eje del Mercedes Benz!

-Esther...

-¡Que me dejes! Beberé té en el tenderete. Que te bese el membrete el bedel

-Es que, Esther... Pepe es el jefe. Pepe es el que te debe extender el cheque de este mes. Bebe, Esther.

Conclusión:
Es menester que Esther cercene el pene de Pepe, ese pelele de jefe que cree que merece peerse en el vergel del Edén.
Si esto lo intentara el letrista de La Polla Records seguramente le daría una embolia.

Por último, como sé que a estas alturas estarán ansiosos por escucharlos, les dejo una actuación en directo en el difunto programa Lo más plus hace ya unos añitos. Lo primero es un "mix" algo tontorrón, pero atención a la letra de la canción que sigue, Obcequeitor, seguramente mi favorita del grupo, un himno de nuestros tiempos. Nótese el desconcierto del público, que no sabe cuándo empezar a aplaudir. Todo un simbolo de lo que este grupo representa.