jueves, noviembre 13, 2008

Cuentito # 5

El crimen de cuello blanco

-Parece otro caso típico de muerte por insolación -dijo el sargento Simenón-. Nada que no ocurra cada semana por estos pagos. Para los nórdicos que vienen aquí en tropel es como una sobredosis.

El inspector Tadeu Carranza se limpió las gafas con el faldón de la camiseta, se las puso de nuevo y estudió desde cierta distancia y no sin cierta aprensión el cadáver en bañador que yacía sobre la tumbona, a pocos metros del mar. La prolongada exposición al sol le había dado a la tez de aquel hombre de edad mediana un tono rojizo tirando a gris marengo.

-Sargento -dijo el inspector Carranza-, ¿había tenido algún accidente este hombre recientemente?

El sargento Simenón echó un vistazo al informe que tenía entre las manos.

-No -respondió-. Bueno, el trenecito del parque de atracciones en el que viajaba ayer sufrió una colisión frontal contra un camión de payasos, pero aparte de la atención psicológica para los niños que presenciaron el siniestro, no hubo que administrar cuidados médicos a nadie. Pero, ¿por qué...?

El inspector Carranza dio unos apretones al cerdito antiestrés que siempre llevaba en el bolsillo.

-No quiero hacerme pesado con tanta pregunta, pero ¿tenía compañeros de vacaciones el fallecido?

El sargento Simenón consultó de nuevo el informe y negó con la cabeza.

-Se había registrado solo en el hotel, y nadie del personal recuerda haberlo visto en compañía.

El inspector se volvió con expresión inquisitiva hacia el gerente del complejo vacacional, que estaba a su lado.

-Seguramente nadie se había fijado siquiera en él -dijo el gerente-. Aquí tenemos huéspedes como él a porraos. Y muchos acaban así.

-Perdóneme si parezco indiscreto, pero ¿es posible que los empleados del hotel -le preguntó el inspector Carranza- tengan otros trabajos?

El gerente se encogió de hombros.

-Con la crisis no es que se les puedan pagar fortunas -admitió-. Muchos trabajan a tiempo parcial en la fábrica téxtil que está al otro lado del pueblo.

-Sargento -dijo el inspector Carranza-. Si no le viene muy mal, interrogue usted por favor a los empleados del hotel que hayan podido tener acceso estos días a la habitación de la víctima. Son posibles sospechosos. No se trata de un accidente, sino de un asesinato.

El sargento y el gerente lo miraron atónitos.

-La víctima tiene el cuello blanco -señaló el inspector-, a diferencia del resto del cuerpo. Seguramente llevaba un collarín después del accidente en el trenecito, y el asesino se lo ha quitado cuando la víctima llevaba ya varias horas al sol.

-Pero... ¿por qué? -acertó a balbucir el sargento Simenón.

-Para ocultar la prueba del delito -explicó el inspector-. Seguramente el asesino había embadurnado el collarín de metanal libre, sustancia que se emplea en pequeñas cantidades en la fabricación de ropa, pero que en grandes dosis puede resultar mortal en contacto prolongado con la piel. Bueno, digo yo, ¿eh?

-Asombroso -jadeó el sargento Simenón-. ¿Y cuál cree usted que puede haber sido el móvil?

El inspector Tadeu Carranza titubeó nerviosamente.

-No sé... ¿Por feo?

El sargento Simenón suspiró con resignación. Conocía ya demasiado bien al inspector Carranza. Se volvió hacia el gerente.

-Eso es lo de menos. Pronto lo averiguaremos -aseguró.

4 comentarios:

Momert dijo...

Gracias por usar una de mis sugerencias.
Me encantó el detalle del cerdito antiestrés.
ME quedo picada, cuál fue el motivo??? Realmente era tan feo?

Chimichambo dijo...

A lo mejor es que no dejó propina?

Walter O. dijo...

¿No es influencia de Fred Vargas'

Paloma Zubieta López dijo...

¿Por feo? Pobre hombre... También me gustó mucho lo del cerdito antiestrés, un abrazo.