sábado, octubre 25, 2008

No la vi, y no me gustó: Vicky Cristina Barcelona

En honor de Marcelino Perelló e Isabel Clara-Simó, mis dos referentes intelectuales, inauguro nueva sección, en la que criticaré películas que no he visto ni pienso ver. No es chulería, es criterio.

Yo era fan incondicional de Woody Allen. Annie Hall, Delitos y faltas y Misterioso asesinato en Manhattan son tres de mis películas preferidas. Pero lo cierto es que mi admiración hacia él ha decrecido bastante, por varias razones. En primer lugar, en Barcelona es un director que le gusta a casi todo el mundo, y me fastidia formar parte de la borregada, aunque eso a veces es inevitable. En segundo lugar, las películas que ha hecho en los últimos cinco o siete años me parecen a cual peor. Match Point fue un éxito de público y crítica, pero a mí todos los personajes me caían fatal, y salvo por el giro inesperado (pero bien preparado) del final, la historia me parece más bien floja. Cada vez me resultan más insoportables los ambientes de progres sofisticados con pasta, no sé si porque cada vez los hace más artificiales o porque yo soy cada vez más radical en ese sentido.

Vicky Cristina Barcelona tiene, de entrada, un nombre horroroso, que según se dice obedece a las exigencias del ayuntamiento de que el topónimo de la ciudad figurase en el título. Seguro que es una colección de postales de la Barcelona turística e irreal (también existe una Barcelona bonita que no es de postal, aunque la panda de ignaros del ayuntamiento se la está cargando día con día), mezcladas con un folklorismo andaluz que ni siquiera es real en la España profunda de hoy en día. Sería absurdo esperar que Allen hiciera una radiografía precisa de la sociedad barcelonesa, ya que nunca ha vivido aquí, pero para ver una Barcelona de fantasía ya están los dibujos animados de Howdy Gaudi.

La trama es una historia de ligues y enredos entre tres gringas y un donjuán español, con su ex mujer psicótica por ahí en medio. Todos modernillos fashion. Nada que no pueda uno presenciar en directo un domingo en una terraza de Gràcia.

Luego están los cameos de famosillos locales, al parecer otra exigencia de la burocracia local, y una muestra del papanatismo de tantos europeos que se consideran superiores a los gringos en todo pero luego se les cae la baba cuando alguna celebridad de allá les hace un poco de caso. Seguramente esos personajillos metidos a extras deben de distraer mucho al espectador catalán que los conoce cada vez que aparecen en pantalla. Bueno, eso puede ser una ventaja, si la película es tan rollo como parece.

Dicen que lo mejor son los diálogos improvisados entre Javier y Pe, o sea que el panorama general debe de ser más bien triste, sobre todo teniendo en cuenta que la especialidad de Allen eran los guiones cuidadosamente trabajados.

Pues eso, con lo caro que está el cine (¡más de siete euros!) la va a ir a ver su chingada madre.











Allen y el plomo: ¿cuál es cuál?



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2 comentarios:

Walter O. dijo...

Bueno el post! ¿Fue una película por encargo entonces? Pues no pienso verla a menos que la pongan en un avión. Pero a lo mejor le gusta más la de Melinda y Melinda... Ooooo!

Isabel Clara Simó, ¿no es aquella que escribe bodrios dramáticos?

Chimichambo dijo...

No, por encargo no, pero se supone que el ayuntamiento, Generalitat y gobierno de Madrit financiaron o dieron facilidades para el rodaje, y entonces Hereu pidió que Barcelona saliera bonita y que apareciera en el título. También le pidieron a Allen que cambiara el personaje de Bardem, que originalmente era un torero, por un pintor.
Nunca he leído libros de la Simó, tal vez estén bien, pero sus artículos me caen bastante gordos.