lunes, octubre 20, 2008

LOS GURÚS DE LA AUTOrAYUDA

En Balas sobre Broadway, de Woody Allen, el dramaturgo interpretado por John Cusack se ve obligado a darle un papel en su obra a la novia de un mafioso para que éste acceda a financiar la producción. Desesperado al darse cuenta de lo que ha hecho (la chica en cuestión es una patata como actriz), él se asoma a la ventana y grita a pleno pulmón "¡soy una puta! ¡soy una puta!" (la foto de arriba no es de esa película, pero es la que encontré de John Cusack desesperado).

Yo no sé si la gente de todas las profesiones se siente así alguna vez, pero yo sí, recientemente. No siempre me toca traducir cosas que me gusten o que me diviertan, pero lo peor es cuando tengo que traducir cosas que van contra mis principios; entonces me siento como una puta barata (no, madre, no voy a buscarme un trabajo decente).

He tenido que traducir, para doblaje y subtítulos, unos cuantos documentales de gurús de la New Age o de la autoayuda (autorayuda, como dice Nabita, porque esos libros no ayudan a nadie más que al autor, a salir de pobre). No mencionaré nombres para no meterme en líos con los que me dan de comer.

Después de traducir los discursos incoherentes de unos quince o veinte de esos especímenes, he llegado a algunas conclusiones: en general son gente que, por su forma de hablar, no parece haber pasado de primaria; tienen cierto carisma, son más o menos guapos o están buenas o son simpáticos; dicen obviedades mezcladas con ideas absurdas (principalmente la de que puedes curarte de cualquier enfermedad, por terrible que sea, sólo con tu voluntad y "conectando con la fuente creadora de la que todo emana"). La mayoría son gringos, pero por lo visto ser indio (de la India) ayuda. Los que son negros adoptan una indumentaria aparentemente étnica, aunque sean gringos. Todos utilizan cháchara pseudopsicológica y pseudocientífica (les encanta hablar de la física cuántica; como es tan distinta del mundo tal y como lo percibimos, ellos creen que sirve para dar credibilidad a cualquier afirmación disparatada). Mezclan elementos del cristianismo y de tradiciones místicas orientales, pero todo debidamente banalizado y masticado para el consumo de occidentales que quieren dar sentido a su vida en 24 horas. Todos promueven el solipsismo más absoluto, la idea de que prácticamente lo único que importa es lo que uno siente, su mundo interior, y que si eso va bien todo lo demás importa un güevo. Algunos parecen tomarse realmente en serio sus perogrulladas o paparruchas; a otros se les nota que casi les cuesta aguantarse la risa. Todos presumen de ser ricos; en parte es lógico, porque es su demostración de que sus teorías dan resultado, pero para alguien alejado de la mentalidad estadounidense que divide el mundo en winners y losers, resulta bastante repulsivo, sobre todo si uno piensa que deben esa fortuna a la explotación de las inseguridades e incluso la desesperación de muchísima gente.

En resumen, estoy en condiciones de afirmar que, después de los pederastas y los fabricantes de minas antipersona, esta gentuza es la peor escoria de la tierra. Y yo, señoras y señores del jurado, he estado ayudándoles.

2 comentarios:

Walter O. dijo...

"El supermercado de las sectas" del gran Eduardo del Río, mejor conocido como Rius. Editorial Grijalbo.

Momert dijo...

Pobre Enano, entiendo lo que sientes. A mi me han tocado casos en los que stoy segura que nuestro cliente es el malvado de la historia. La ética profesional nos obliga a buscar los hechos, afortunadamente. "Todo el mundo tiene derecho a una defensa." Aunque en mi caso, muchas veces es más bien que "todo el mundo tiene derecho a demandar." Creo que tendré que dedicarle algo de tiempo a meditar sobre el sistema judicial.