lunes, octubre 06, 2008

Hermosa parábola # 1

El capitán del crucero DeLuxus mandó reunir en cubierta a todos los pasajeros y la tripulación, y, de pie junto al segundo oficial, les dirigió unas palabras desde el puente:
-Señores, estamos haciendo aguas.
Esto suscitó un murmullo de lamentos y protestas.
-Lo sé, es un fastidio -admitió el capitán- y además resulta del todo inexplicable, teniendo en cuenta que el barco está hecho de corcho.
La multitud prorrumpió en voces de indignación y asombro.
-¿Qué esperaban? ¿Oro? Esto es un crucero "low cost" -señaló el capitán-. Además, el corcho flota, y el metal no. Lo he comprobado personalmente en mi bañera.
Esto pareció tranquilizar un poco al populacho, que, efectivamente, había pagado sólo cien dólares por su pasaje. Además, quien más, quien menos, todos habían visto flotar un corcho alguna vez.
-Bien -prosiguió el capitán-. Y ahora, es mi deber comunicarles que yo no puedo hacer nada para evitar que este barco se hunda.
La gente ahogó un grito de espanto.
-Pero no se alarmen -se apresuró a aclarar el capitán-; ustedes sí. A continuación se les facilitará un cubo a cada uno para que procedan a achicar el agua que ya inunda la cubierta inferior.
La gente respiró aliviada al saber que no tendrían que aguardar la muerte cruzados de brazos.
-Estupendo -continuó el capitán-. Les recomiendo que pongan manos a la obra antes de que el agua llegue al compartimento en el que viaja el cargamento de plutonio.
-¿Plutonio? -preguntó la turba, que parecía aprovechar la menor oportunidad para quejarse.
-Tenemos que transportar mercancías para cubrir gastos -explicó el capitán con paciencia infinita-. Con lo que comen ustedes, no nos salen precisamente baratos. Además, los pescadores de la zona han sido debidamente informados de nuestra carga y, en un arranque de espontánea generosidad, han decidido traernos en sus lanchas corcho con el que podrán ustedes reparar las vías de agua. Si mis cálculos no me fallan y trabajan ustedes con diligencia, hay posibilidades de que arribemos a puerto dentro de una o dos semanas con sólo algunas bajas.
La muchedumbre estalló en gritos de júbilo.
-Lástima -comentó el segundo oficial, conmovido-. Tendremos que despedirnos de nuestro empleo. Después de esto, nadie querrá volver a viajar con DeLuxus.
-¿Está usted de guasa? -preguntó el capitán-. Los pasajeros están encantados con las actividades lúdicas del crucero. Además, con el dinero del rescate que pediremos a sus familias, podremos pagar una excelente campaña publicitaria e incluso nos sobrará para añadir otro barco de corcho a la flota.
-Bien está lo que bien acaba -suspiró el segundo, contemplando el azul horizonte con la esperanza de un amanecer esplendoroso.

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