lunes, septiembre 29, 2008

Ellas los prefieren cabrones...

... pero se quedan con los que son buena gente.

Creo que no descubro la sopa de ajo (¿verdad, apá?) si digo que The Apartment (El apartamento, 1960), de Billy Wilder, es una gran película. Si uno cuenta el argumento superficialmente, alguien podría pensar que se trata de una especie de comedia romántica de Tom Hanks y Meg Ryan, pero eso sería un terrible error. Para empezar, su fantástica fotografía en formato ultrapanorámico y algunas escenas de masas son más propias de una superproducción tipo Ben-Hur que de una peli que se desarrolla en oficinas, bares y apartamentos, aunque en blanco y negro, eso sí. En segundo lugar, los personajes no sólo se dedican a hacer monerías, que también, sino que sufren, y no por cualquier chorrada. En tercer lugar, yo creo que bajo la finísima capa de miel corre una mala leche impresionante que hoy en día sería impensable en una comedia romántica que no base su humor en pedos y torturas a perritos indefensos.

Al final de El apartamento, la señorita Kubelik (Shirley Maclaine), ascensorista, deja plantado a su amante, el jefazo de la empresa Sheldrake (Fred MacMurray) en una celebración de Año Nuevo, y se va a casa del señor Baxter (Jack Lemmon), oficinista, que la ha cuidado maternalmente tras su intento de suicidio, se ha dejado golpear injustamente por su cuñado y ha abandonado su puesto de directivo por amor a ella. Cuando la señorita Kubelik le dice que ha dejado al cabronazo de su amante, él le declara que está locamente enamorado de ella. Entonces ella replica: "No diga más y juguemos", tendiéndole unas cartas.

Ya está. Fin de la película. Happy ending.

¿Seguro? Bueno, ahora por lo visto estarán juntos, ella tendrá por fin una pareja que la trate bien, y él tendrá a la mujer de sus sueños.

Pero... ¿¿"No diga más y juguemos"??

Es tremendo. Es evidente que ella no está enamorada de él, que sigue enamorada de Sheldrake, el cabronazo, y que lo único que pasa es que tras llevarse demasiados desengaños por culpa de él ha aprendido por fin que es un hombre que no le conviene y que seguramente tendrá una vida más estable y digna con el pobre diablo de Baxter.

En algún diálogo de la película se divide a la humanidad en víctimas y aprovechados. Parece un poco simplista y maniqueo, pero en el fondo creo en toda relación o trato hay alguien que ejerce un poco de una de las dos cosas. No siempre es fácil verlo, sobre todo cuando uno está metido en ello. En fin, al grano: ¿es cierto que las mujeres los prefieren cabrones pero se quedan con los que son buena gente? ¿O esto es sólo la percepción de algún misógino frustrado? Como yo doy por sentado que, con algunas excepciones, esto es así (pensad de mí lo que queráis), voy a aventurar una teoría pseudobiológica y pseudoantropológica para explicar tan curioso fenómeno. Parece ser que los animales desarrollan los sistemas reproductivos y las conductas sexuales que más les convienen, no como individuos, sino como especie. Por eso el macho de la mantis religiosa se deja devorar por la hembra tras la copulación (o durante, no sé): porque así las crías o como se llamen disponen de más alimento, y por tanto sobrevive un número mayor de ellas. De forma análoga, yo creo que en la época de las cavernas los ejemplares de macho qué más favorecían la preservación de la especie eran los fuertes y agresivos (lo que los convertía en mejores guerreros y cazadores), y si eran mujeriegos, mejor, porque mientras que una hembra sólo podía reproducirse una vez al año más o menos, un hombre promiscuo podía engendrar centenares de crías (suponiendo que viviera en una tribu con muchas hembras fogosas). Por eso, las mujeres desarrollaron el instinto de sentirse atraídas por sujetos así, porque garantizaban mejor la pervivencia de la especie.

Como la sociedad y la tecnología humanas han evolucionado a un ritmo infinitamente superior al de sus rasgos biológicos, las mujeres aún conservan ese instinto que, oh sorpresa, ya no les resulta tan útil, sobre todo en una época en que las personas tendemos a valorar más nuestra individualidad que la supervivencia de la especie, más que nada porque de momento no parece estar en peligro. Es cierto que los cabronazos siguen siendo buenos "recolectores" y "cazadores" (véase el ejemplo de Sheldrake: es rico), aunque hoy en día eso no es tan importante salvo para las mujeres que realmente viven en la miseria o que tienen una afición compulsiva por las joyas y los trapitos caros. La poligamia tampoco suele hacerle mucha gracia a la mujer actual. Por eso, las que son medianamente sensatas se quedan con los Jack Lemmons de este mundo, tiernos, atentos y divertidos, aunque en secreto sigan suspirando por los Fred MacMurray, viriles, desconsiderados y sexis. Bueno, los cánones de belleza masculina han cambiado un poco con el tiempo, pero ya me entendéis.

9 comentarios:

Momert dijo...

No crees que es un poco denigrante para las mujeres generalizar de esta manera, además de analizarnos únicamente como resultado de la evolución y no como seres racionales (o predeciblemente irracionales de acuerdo a D. Ariely)? Me pregunto cuales ejemplos tenías en mente cuando escribiste esto.

Carlos dijo...

¿Denigrante? Si precisamente digo que muchas se quedan con los Jack Lemmons debido precisamente a su racionalidad. No tenía ningún ejemplo concreto en mente, sólo se me ocurrió hacer ese comentario después de ver la película y Nagüita se mostró bastante de acuerdo.

Natàlia dijo...

¡Oh, pero qué morro! Nagüita no "se mostró bastante de acuerdo"... ¡en realidad el comentario salió de ella!

Chimichambo dijo...

No és pas veritat. Ho vaig dir jo i tu vas dir "ah, sí".

Natàlia dijo...

Que nooooooo!! Hi ha testimonis. Que ho diguin ells! Passa'ls el teclat!!

Tau dijo...

Ho va dir el papa, que és el millor!

Natàlia dijo...

Ooooooooh!! Tongo, tongo!!

Tau dijo...

IIIIH IIIIIH AH AH AH IIIIIIH!

Chimichambo dijo...

Mira què has fet, ja has fet plorar el nen!