lunes, octubre 30, 2006

Mi primo Andrés anda perdido en el Himalaya. Perdido no en el sentido de que no sabe dónde está, supongo, sino de que los demás no sabemos dónde está. Fue con un amigo a escalar el Changabang, que aunque no llega a siete mil metros, dice el periódico que es casi tan difícil de escalar como el K2. Ya hace nueve días que tendrían que haber regresado al campamento y nadie sabe nada de ellos. Los están buscando helicópteros del ejército indio, y alunos compatriotas hablan de iniciar una expedición de búsqueda.

Uno de los principales defectos de mi primo, la terquedad, es también una de sus mayores cualidades. Creo que lo ha ayudado a salir bien parado de otras situaciones difíciles, y confío en que lo ayudará a salir también de ésta. Aunque para ello tenga que comer roedores, como dice Carlos Carsolio. Tengo la sensación de que pronto aparecerá y estará contando sus aventuras con ese estilo tan suyo, fortalecido una vez más por una experiencia chunga que no pudo contra su terquedad.