sábado, julio 30, 2005

La prueba de fuego

Carlos Semprún Maura (sí, ése que tiene un hermano que escribe muy bien), dice en su artículo Tirar a matar: "Las lloronas profesionales y los aliados del terrorismo islámico –por miedo, como odio a la democracia–, han vuelto a poner el grito al cielo ante [la consigna de tirar a matar] de Scotland Yard a sus policías, después de los atentados de Londres."
Curiosamente, en todo el artículo, Maura no menciona ni una sola vez el único caso, hasta ahora, en que se ha llevado a la práctica esta consigna: el del joven electricista brasileño Jean Charles de Menezes, a quien unos policías de paisano pegaron siete tiros en la cabeza en el Metro de Londres.
Maura nos explica con todo detalle (después de llamar "zopencos" a sus lectores) lo práctico que resulta disparar a la cabeza del presunto terrorista en lugar de, por ejemplo, al corazón, pero no aclara por qué hay que vaciarle prácticamente el cargador. A lo mejor, así como en otro tiempo se arrojaba a un estanque a los sospechosos de brujería (los enemigos de la democracia de entonces, sin duda) con las manos atadas, para ver si flotaban, hoy en día se cree que los terroristas son seres demoniacos y que la única forma de matarlos es pegarles ocho tiros en la cabeza. Por tanto, si con siete la palmas, queda automáticamente probada tu inocencia.
La derecha "liberal", supongo que por falta de seguridad en sus argumentos, tiende a inventarse un adversario a su medida, una izquierda más alelada y sectaria de la que existe en realidad. Por ejemplo, Maura habla de "fervientes admiradores del humanismo de Al Qaeda". También, según él, hay quien afirma "que la intervención militar aliada en Irak –y subsidiariamente en Afganistán– constituye la parturienta del terrorismo islámico", lo cual "no sólo es mentira, es criminal, porque la complicidad con el crimen es asimismo criminal." (No nos dice Maura qué tratamiento recomienda para estos criminales cómplices, pero supongo que la prueba de los siete tiros le parecería lo bastante razonable).
En fin, nadie que yo conozca afirma que el terrorismo islámico surgió a raíz de la invasión de Irak. Lo que no podría negar ni siquiera el fanático proyanqui más obtuso (con perdón, señor Maura) es que ese terrorismo se ha agravado, y mucho, desde que las tropas liberadoras hicieran su entrada en Irak. Me pregunto si ese afán de criminalizar a quienes no ponemos bombas ni pegamos tiros en la cabeza a la gente (ni defendemos una cosa u otra) no será un intento de disimular el hecho de que, de momento, esta "Guerra contra el Terrorismo" está demostrando la misma eficacia que el sirope de chocolate en la Guerra contra las Manchas.

sábado, julio 23, 2005

El liberal y su hígado

Esto es un fa..., digo, un liberal, que va al médico porque no se encuentra bien.
Después de unos análisis, el médico le diagnostica cirrosis.
--¡Maldito hígado! --brama el fa... perdón, el liberal--. ¿Cómo ha podido hacerme algo así?
--Bueno... -murmura el médico--, tengo entendido que bebe usted un poco más de la cuenta...
--¿Qué está diciendo, traidor? ¿Está justificando mi cirrosis? ¿Está diciendo que es algo bueno, que me lo merezco?
--Hombre, no es eso... --balbucea el médico.
--¡Claro! --prosigue el liberal--. ¡Está sugiriendo que me rinda, que no me someta a ningún tratamiento para combatir la cirrosis! ¡Maldito cobarde! ¿Pues sabe qué? ¡No me voy a rendir! ¡Y además, voy a seguir bebiendo! ¡No voy a permitir que ninguna enfermedad de m... me ordene lo que tengo que hacer! ¡Y ahora, me voy a buscar un médico que no esté de su parte!
Dicho esto, el liberal sale y da un portazo, dejando al médico solo en su consulta, rascándose la cabeza.