El otro día tuve mi primera clase de yoga.
El aula era una sala en penumbra con velitas y llena de gente tirada en el suelo (llegué un poco tarde). Se oía una música de fondo, una especie de sonsonete cantado con voces de niños sobre unas notas de sintetizador, que se repetía una y otra vez. Mientras tanto, la profesora pronunciaba frases relajantes con acento argentino y voz de anuncio de contactos. "Qué bien --pensé--. Un rato de tranquilidad y reposo. Justo lo que necesitaba a cambio de los ochenta euros que he pagado por el curso. No me extraña que este deporte sea tan popular entre las jubiladas."
Sin embargo, al cabo de unos minutos la profesora nos hizo ponernos de pie y comenzó a darnos una serie de instrucciones sobre posturas y movimientos. Al poco rato aquello se convirtió en el peor tormento que recuerdo haber padecido nunca. Sufría violentas convulsiones que no sólo me hacían casi imposible mantener la postura indicada, sino sencillamente mantenerme de pie. El sudor me corría a raudales por la retrocida espalda. La profesora debió de notar algo en mí que me delataba como principiante, porque me dijo, con una risita:
--Mañana me vas a odiar.
--Ya te odio ahora --repliqué, luchando por evitar que las piernas se me separaran aún más y me desgarraran en dos como a unos viejos calzones desgastados por la lejía.
Hasta ese momento no tenía la menor idea de que uno pudiera hacerse tanto daño sin más arma que el propio cuerpo. Por si fuera poco, mi amor propio también se vio gravemente perjudicado al darme cuenta de que las jubiladas eran mucho más fuertes y resistentes que yo.
A continuación, no conforme con maltratar mi físico y mis sentimientos, la profesora adoptó de nuevo su voz de anuncio de contactos para indicarnos que nos tumbáramos y, mientras yo intentaba recuperarme del vapuleo, insultó gravemente mi inteligencia con una retahila de clichés new age sobre la energía del universo y mandangas por el estilo.
Al día siguiente, en efecto, me acordé de ella, de toda su familia y hasta de don José de San Martín.
Estoy ansioso por asisitir esta tarde a mi segunda clase.
miércoles, octubre 19, 2011
jueves, octubre 06, 2011
It's hard to be a procrastinator's mum
El otro día mi madre me rogó por teléfono que empezara a buscarme otro trabajo.
-Si sigues así, vas a matarte trabajando -me advirtió (en la familia tenemos cierta afición al melodrama).
Por una fracción de segundo, me sentí curiosamente halagado. Por lo visto mi madre no sólo ignora que soy un holgazán, sino que encima me cree capaz de algo tan heroico (y cansado) como matarme trabajando. Pero luego medité sobre su consejo por unos instantes, y solo de imaginar lo pesado que sería ponerme a buscar otra profesión a estas alturas (currículums, entrevistas, cursillos, ¡y en un país con récord de desempleo!), me invadió una pereza profunda acompañada de cierta irritación.
-Ya sé que nunca te ha gustado mi trabajo -repuse con voz lastimera-, pero no sé hacer otra cosa. Ni modo, te salió un hijo tonto -añadí al borde del llanto (¿he dicho ya que en la familia tenemos cierta afición al melodrama?)
-Bueno, lo importante es que a ti te guste -sentenció mi madre, usando la típica frase que se le dice a una hija que tiene un novio borracho, pendenciero y mujeriego cuando todos los intentos por convencerla de que lo deje han caído en saco roto.
En realidad, entiendo que mi madre esté preocupada. Si a la impresión que tiene de que me paso el día trabajando sumamos que no gano grandes fortunas, no es de extrañar que, a sus ojos, mi situación sea similar a la de un niño vietnamita ciego y tetraplégico que trabaja en una fábrica de Nike por un cuenco de arroz a la semana.
Mi madre me llama a horas en las que la gente normal ya está descansando plácidamente (las siete u ocho de la tarde), o incluso en fin de semana, y, cuando me hace la fatídica pregunta "¿qué andas haciendo?" y yo respondo "trabajando", oigo retorcerse sus tripas al otro lado de la línea con consternación maternal. Lo que pasa es que yo no hago horarios de gente normal. A mí me retuerce las tripas con consternación filial saber que a las ocho de la mañana (y pasada la edad de jubilación) ella no sólo está despierta, sino en la oficina, seguramente deslomándose con la intención de ahorrar el dinero suficiente para poder cubrir mis gastos médicos cuando me dé una apoplejía ocasionada por el exceso de trabajo.
En realidad (y ojo, que no quiero darle rabia a nadie, solo tranquilizar a mi progenitora), yo empiezo a trabajar en promedio a las doce del mediodía. Los días en que logro ponerme a chambear a las diez y media me siento como el proverbial madrugador a quien Dios y Guardiola ayudan. Por otro lado, no hay que olvidar que soy mi propio jefe. Y nunca he destacado precisamente por mis dotes de mando ni por mi capacidad de imponer disciplina (quienes conocen a mis perros pueden dar fe de ello). En cambio, como empleado de mí mismo soy muy rebelde. Esto se traduce en que no todo el tiempo que me paso sentado frente a la computadora es tiempo que dedico a trabajar. Internet es un distractor poderoso. La atracción que ejercen los videos de perritos bebiendo del excusado es directamente proporcional a la cantidad de trabajo que uno tiene en un momento determinado. De ahí que siempre me atrase un poco y acabe teniendo que trabajar en fin de semana cuando se aproxima una entrega.
Por eso (entre otras cosas) he decidido volver a actualizar el blog, ¡para que al menos mi madre tenga una prueba tangible de mis distracciones!
-Si sigues así, vas a matarte trabajando -me advirtió (en la familia tenemos cierta afición al melodrama).
Por una fracción de segundo, me sentí curiosamente halagado. Por lo visto mi madre no sólo ignora que soy un holgazán, sino que encima me cree capaz de algo tan heroico (y cansado) como matarme trabajando. Pero luego medité sobre su consejo por unos instantes, y solo de imaginar lo pesado que sería ponerme a buscar otra profesión a estas alturas (currículums, entrevistas, cursillos, ¡y en un país con récord de desempleo!), me invadió una pereza profunda acompañada de cierta irritación.
-Ya sé que nunca te ha gustado mi trabajo -repuse con voz lastimera-, pero no sé hacer otra cosa. Ni modo, te salió un hijo tonto -añadí al borde del llanto (¿he dicho ya que en la familia tenemos cierta afición al melodrama?)
-Bueno, lo importante es que a ti te guste -sentenció mi madre, usando la típica frase que se le dice a una hija que tiene un novio borracho, pendenciero y mujeriego cuando todos los intentos por convencerla de que lo deje han caído en saco roto.
En realidad, entiendo que mi madre esté preocupada. Si a la impresión que tiene de que me paso el día trabajando sumamos que no gano grandes fortunas, no es de extrañar que, a sus ojos, mi situación sea similar a la de un niño vietnamita ciego y tetraplégico que trabaja en una fábrica de Nike por un cuenco de arroz a la semana.
Mi madre me llama a horas en las que la gente normal ya está descansando plácidamente (las siete u ocho de la tarde), o incluso en fin de semana, y, cuando me hace la fatídica pregunta "¿qué andas haciendo?" y yo respondo "trabajando", oigo retorcerse sus tripas al otro lado de la línea con consternación maternal. Lo que pasa es que yo no hago horarios de gente normal. A mí me retuerce las tripas con consternación filial saber que a las ocho de la mañana (y pasada la edad de jubilación) ella no sólo está despierta, sino en la oficina, seguramente deslomándose con la intención de ahorrar el dinero suficiente para poder cubrir mis gastos médicos cuando me dé una apoplejía ocasionada por el exceso de trabajo.
En realidad (y ojo, que no quiero darle rabia a nadie, solo tranquilizar a mi progenitora), yo empiezo a trabajar en promedio a las doce del mediodía. Los días en que logro ponerme a chambear a las diez y media me siento como el proverbial madrugador a quien Dios y Guardiola ayudan. Por otro lado, no hay que olvidar que soy mi propio jefe. Y nunca he destacado precisamente por mis dotes de mando ni por mi capacidad de imponer disciplina (quienes conocen a mis perros pueden dar fe de ello). En cambio, como empleado de mí mismo soy muy rebelde. Esto se traduce en que no todo el tiempo que me paso sentado frente a la computadora es tiempo que dedico a trabajar. Internet es un distractor poderoso. La atracción que ejercen los videos de perritos bebiendo del excusado es directamente proporcional a la cantidad de trabajo que uno tiene en un momento determinado. De ahí que siempre me atrase un poco y acabe teniendo que trabajar en fin de semana cuando se aproxima una entrega.
Por eso (entre otras cosas) he decidido volver a actualizar el blog, ¡para que al menos mi madre tenga una prueba tangible de mis distracciones!
viernes, septiembre 16, 2011
Un dos, probando, probando...
Aunque ya hace más de un año que abandoné a su suerte este panfleto rebosante de onanismo mental y exhibicionismo barato, tengo la intención de retomarlo en breve, pues he llegado a la conclusión de que desde que lo dejé, el mundo ha ido claramente a peor. La humanidad necesita de mis sabias reflexiones para salir del fangoso y repugnante cenagal en que se ha sumido, o por lo menos para mantener la nariz por encima de la caca.
Si bien ahora mismo tengo que acabar de traducir una novelita de 593 páginas, un trámite farragoso pero necesario para mi sustento, en cuanto pulse la tecla del punto final, pienso volver a mi noble y filantrópica tarea de poner en negro sobre blanco mis agudas observaciones y chispeantes comentarios. Y si no los lee nadie, peor para ellos.
Ah, sí, y en cuanto pueda cambio el dibujito del blog porque no quiero dar la impresión de estar siempre cabreado y porque soy mucho más guapo en realidad.
Si bien ahora mismo tengo que acabar de traducir una novelita de 593 páginas, un trámite farragoso pero necesario para mi sustento, en cuanto pulse la tecla del punto final, pienso volver a mi noble y filantrópica tarea de poner en negro sobre blanco mis agudas observaciones y chispeantes comentarios. Y si no los lee nadie, peor para ellos.
Ah, sí, y en cuanto pueda cambio el dibujito del blog porque no quiero dar la impresión de estar siempre cabreado y porque soy mucho más guapo en realidad.
jueves, febrero 11, 2010
Comentarios sueltos sobre las nominaciones a los Óscares
La verdad es que he visto más bien pocas de las películas nominadas, a pesar de que este año a alguien se le ocurrió la brillante idea de aumentar de cinco a diez el número de candidatas a la mejor película, para que el espectador de a pie tenga más posibilidades de haber visto alguna.
Como era de prever, Avatar tiene muchas nominaciones. Es una de las que vi. Desde el punto de vista técnico es bastante impresionante, sobre todo en 3-D, y tiene algún momento emocionante o bonito, pero no deja de ser un filme cargado de fórmulas y tópicos cinematográficos que bien podría ser una peli de Disney pero con algo más de violencia, unas gotas de sexo (bestialismo, de hecho), y algún que otro actor de carne y hueso. Curiosamente Up, la candidata real de Disney de este año, tiene un guión más original, complejo y emotivo, aunque tristemente lastrado por los animalitos monos y las escenas obligatorias de acción y aventura que sin duda los ejecutivos de Disney imponen a punta de pistola a los directores y guionistas de sus películas.
Me alegra ver que la sudafricana District 9, que en cierto modo es como una versión más ácida y para adultos de Avatar , ha recibido algunas nominaciones (¡incluida la de mejor película!), aunque algo me dice que no se va a comer un rosco. Creo que el actor Sharlto Copley merecería una nominación, pero era demasiado esperar de los académicos del cine que supieran apreciar un trabajo tan sutil.
Me indigna que Inglorious Basterds, del otrora buen director Tarantino, opte a tantos premios. No la he visto, pero estoy seguro que además de mala es muy desagradable.
Me sorprende un poco que la deliciosamente excesiva y espectacular Watchmen, película basada en el famoso cómic de antisuperhéroes de Alan Moore, no tenga una sola nominación, ni siquiera en los apartados técnicos o en el de actor secundario para Jackie Earl Haley (bueno, en realidad no me sorprende; repito lo que he dicho respecto a Sharlto Copley). En cierto modo, mejor. Dado que hasta Alan Moore reniega de ella ("no quiero ver esa mierda"), se convertirá en una película de culto apreciada sólo por unos pocos conocedores. Eso siempre lo hace a uno sentir más listo.
Como era de prever, Avatar tiene muchas nominaciones. Es una de las que vi. Desde el punto de vista técnico es bastante impresionante, sobre todo en 3-D, y tiene algún momento emocionante o bonito, pero no deja de ser un filme cargado de fórmulas y tópicos cinematográficos que bien podría ser una peli de Disney pero con algo más de violencia, unas gotas de sexo (bestialismo, de hecho), y algún que otro actor de carne y hueso. Curiosamente Up, la candidata real de Disney de este año, tiene un guión más original, complejo y emotivo, aunque tristemente lastrado por los animalitos monos y las escenas obligatorias de acción y aventura que sin duda los ejecutivos de Disney imponen a punta de pistola a los directores y guionistas de sus películas.
Me alegra ver que la sudafricana District 9, que en cierto modo es como una versión más ácida y para adultos de Avatar , ha recibido algunas nominaciones (¡incluida la de mejor película!), aunque algo me dice que no se va a comer un rosco. Creo que el actor Sharlto Copley merecería una nominación, pero era demasiado esperar de los académicos del cine que supieran apreciar un trabajo tan sutil.
Me indigna que Inglorious Basterds, del otrora buen director Tarantino, opte a tantos premios. No la he visto, pero estoy seguro que además de mala es muy desagradable.
Me sorprende un poco que la deliciosamente excesiva y espectacular Watchmen, película basada en el famoso cómic de antisuperhéroes de Alan Moore, no tenga una sola nominación, ni siquiera en los apartados técnicos o en el de actor secundario para Jackie Earl Haley (bueno, en realidad no me sorprende; repito lo que he dicho respecto a Sharlto Copley). En cierto modo, mejor. Dado que hasta Alan Moore reniega de ella ("no quiero ver esa mierda"), se convertirá en una película de culto apreciada sólo por unos pocos conocedores. Eso siempre lo hace a uno sentir más listo.
miércoles, enero 27, 2010
Neighbours... Everybody needs good neighbours...
Tengo mucho trabajo (por eso hace mucho que no actualizo la cosa esta), y hay un vecino tarado que últimamente pone música chumba-chumba a todo volumen, supongo que para agarrarse un subidón sin tener que saldar primero su deuda astronómica con su camello. Me molesta horriblemente, en primer lugar porque demuestra su espantoso gusto para la música, en segundo lugar porque parece tan orgulloso de su espantoso gusto para la música que tiene que que darlo a conocer a toda la cuadra, y en tercero porque me cuesta concentrarme en mi trabajo.
Ya intenté poner el amplificador de la guitarra contra la pared que da a su casa y soltarle unos trallazos a todo volumen, pero sólo conseguí crisparme más los nervios a mí mismo y que el vecino idiota subiera el volumen de su chumba-chumba, supongo que para poder apreciar mejor sus delicados matices por encima de mis interferencias.
Hace rato oí en la radio que esa banda de delincuentes organizados con el beneplácito del Estado que se llama Sociedad General de Autores de España les cobra un canon a los peluqueros que ponen la radio en presencia de sus clientes. Se me ocurre que, puesto que llamar a la guardia urbana para que venga a silenciar al vecino idiota seguramente sería un acto inútil, tal vez llame en cambio a los de la SGAE y acuse al malandrín de estar haciendo un uso público no autorizado de la música. Seguro que vendrían con prontitud y diligencia. Al menos a ver si para reducir la contaminación acústica sirven.
Ya intenté poner el amplificador de la guitarra contra la pared que da a su casa y soltarle unos trallazos a todo volumen, pero sólo conseguí crisparme más los nervios a mí mismo y que el vecino idiota subiera el volumen de su chumba-chumba, supongo que para poder apreciar mejor sus delicados matices por encima de mis interferencias.
Hace rato oí en la radio que esa banda de delincuentes organizados con el beneplácito del Estado que se llama Sociedad General de Autores de España les cobra un canon a los peluqueros que ponen la radio en presencia de sus clientes. Se me ocurre que, puesto que llamar a la guardia urbana para que venga a silenciar al vecino idiota seguramente sería un acto inútil, tal vez llame en cambio a los de la SGAE y acuse al malandrín de estar haciendo un uso público no autorizado de la música. Seguro que vendrían con prontitud y diligencia. Al menos a ver si para reducir la contaminación acústica sirven.
martes, noviembre 24, 2009
Porcupine Tree
Ayer, 23 de noviembre, el grupo mayoritariamente británico Porcupine Tree tocó en una cosa llamada Sant Jordi Club, que es una sala que está detrás del Palau Sant Jordi y que no sé para qué se usa normalmente.Sospecho que más de uno pondrá en entredicho mi credibilidad como crítico musical después de ensalzar a Mamá Ladilla o de publicar un enlace a mis propias y balbucientes grabaciones en Myspace, pero esta vez créanme si les digo que Porcupine Tree es uno de los mejores grupos actuales que conozco. Ya lo pensaba antes de ir a verlos y lo sigo pensando ahora. Hacen música rara, sí (se cataloga como rock/metal progresivo, aunque a ellos esa etiqueta no les gusta mucho) . No apta para todos los gustos, seguramente. Pero muy intensa, y muy bien hecha.
Los teloneros fueron Stick Men, un trío integrado por un batería y dos intérpretes de Chapman Stick (de ahí el ingenioso nombre del grupo; a fin de cuentas el batería también toca con "sticks"). Dicho instrumento consiste en un mástil muy largo y ancho que lleva doce cuerdas y se toca rasgueando o punteando con la mano derecha (como con una guitarra normal), pisándolas con los dedos de ambas manos, o bien frotándolas con un arco. Dado el gran número de octavas que abarca, permite tocar el bajo y notas agudas, a veces a la vez. Es rarísimo y requiere mucha pericia tocarlo. Cuál no sería mi sorpresa al ver que uno de los stickmen era el mismísimo Tony Levin, que ha tocado el bajo para Peter Gabriel, King Crimson, Pink Floyd y Dire Strats, entre otros. Es un músico muy experimentado e innovador. Pero un consejo, Tony: toca. Compón. Experimenta. Pero no cantes. Por lo que más quieras.
Cuando terminaron le compré un disco y me lo firmó. Un regalo totalmente inesperado.
Luego les tocó el turno a Porcupine Tree. El alma indiscutible del grupo es el compositor, cantante, guitarrista y a veces teclista Steven Wilson. Se nota enseguida que es uno de esos genios locos que hacen avanzar a la humanidad. Lleva gafas y una melenita que con un leve movimiento de cabeza se le echa encima de la cara, tapándosela por completo y haciéndole parecer el tío Cosa de la familia Addams, como observó Nabita sabiamente. Canta con una voz bastante aguda y aparentemente frágil pero muy entonada, que contrasta con los guitarrazos supertralleros que suelta en momentos selectos.
El concierto constó de dos partes, separadas por un intermedio. La primera la dedicaron a tocar íntegramente el disco The Incident, que es el que están promocionando en esta gira y que, en efecto, no tiene interrupciones entre los temas, que fluyen sin solución de continuidad para formar una unidad temática y musical (se repiten motivos y temas, aunque con ritmos, intensidades y tonalidades diferentes). Todo estaba rigurosamente milimetrado, como podía apreciarse por el vídeo de una pantalla gigante que estaba en perfecta sincronía con la música y que la reforzaba con imágenes alusivas, surrealistas y oníricas. Esta sincronización requiere una gran habilidad por parte de los músicos, que además tocaban cosas bastante complejas en algunas partes. Por desgracia el sonido no era muy bueno; el bajo o algunas notas de los teclados retumbaban de una forma bastante desagradable.
En la segunda parte tocaron lo que podríamos llamar sus "greatest hits". Creo que el sonido mejoró, aunque en momentos puntuales el bajo seguía retumbando. A Nabita el tema "Lazarus" le pareció "una mariconada" (no hay connotaciones homófobas; es sólo una expresión), pero a mí me puso la carne de gallina. El público de entre mil y tres mil personas (todavía somos pocos los iniciados) se volvió loco con la apoteosis metalera de "Anesthetize". Al final hubo un bis con "The Sound of Muzak" y "Trains". En total fueron más de dos horas de música. Dudo que haya habido alguien que no diera por bien empleado el precio de la entrada. Eso sí, dada la media de edad (más o menos la mía, diría), se habría agradecido que pusieran asientos en la sala.
He aquí dos vídeos del grupo (no son del concierto de ayer, pero tocaron ambas), que demuestra la increíble calidad de su directo (que suena casi como grabación de estudio).
La mariconada:
Lo trallero:
En fin. Junto con Billy Wilder, Ricky Gervais o Albert Pla, Porcupine Tree son unos de esos artistas que hacen que la vida valga la pena.
jueves, octubre 29, 2009
Pequeñas alegrías
A veces, pocas, la actualidad (que es como llaman ahora a los sucesos o noticias de las que habla la gente) te da pequeñas alegrías.
Por ejemplo, el otro día el Alcorcón, un equipo de Segunda B, que no sé muy bien lo que es pero suena a modesto de la hostia, le ganó al Real Madrid por 4-0. Como decía una carta en el periódico, un grupo de maestros, taxistas y administrativos que juegan al futbol como hobby goleó a once millonarios en pantalón corto. No sé casi nada de futbol, pero la humillación del prepotente siempre me alegra el día.
Otra: por orden del juez Garzón, que tiene vocación de ajonjolí de todos los moles, han detenido, entre otras figuras relevantes de la política actual o pasada, a Macià Alavedra y a Lluís Prenafeta por presunta colaboración en presunta trama urbanística o algo presuntamente parecido. No puedo evitar que me invada cierta satisfacción morbosa al ver en aprietos a esos ex peces gordos (aunque no ex gordos; lo siguen estando, y mucho) de la órbita convergent y supongo que millonetis. Y como guinda del pastel, se los llevaron hoy pa' Madrid en furgones de la Guardia Civil, lo que para ellos debe de ser el castigo más degradante imaginable. De nuevo, la humillación del prepotente.
Pero la alegría dura poco en casa del pobre, o al menos en la mía, por culpa del Pepito Grillo que llevo dentro. En el caso del triunfo del Alcorcón, Pepito me dice que seguramente no fue fruto del esfuerzo y el talento sobrehumanos de aquella gente sencilla, sino de la desmotivación o la incompetencia del equipo madridista y su entrenador. Con lo cual seguramente no me estoy alegrando del triunfo de David, sino del tropezón de Goliat. Y eso no demuestra una gran nobleza de espíritu por mi parte.
En cuanto a las detenciones, Pepito me recuerda lo que quiere decir "presunto". A lo mejor esos señores gordos y antipáticos no hicieron nada malo y les están haciendo pasar un mal rato. Lo único que no es presunto de momento es su gordura. Ni siquiera estoy seguro de que realmente sean antipáticos. Y encima voy y me regodeo de su desgracia. Aunque eso no creo que les quite el sueño. Por otro lado, ve tú a saber los intereses políticos y económicos que hay detrás de todo el asunto, y quién sabe si lo sabremos jamás. Y aunque obliguen a esos presuntos trácalas a devolver el dinero que presuntamente robaron, a mí no me va a tocar ni un quinto. O sea que mi alegría es cruel, injustificada y falsa, pues nada de eso influye realmente en mi vida diaria.
Si me disculpan, voy a comprar un DDT. A ver si encuentro uno especial para grillos.
Por ejemplo, el otro día el Alcorcón, un equipo de Segunda B, que no sé muy bien lo que es pero suena a modesto de la hostia, le ganó al Real Madrid por 4-0. Como decía una carta en el periódico, un grupo de maestros, taxistas y administrativos que juegan al futbol como hobby goleó a once millonarios en pantalón corto. No sé casi nada de futbol, pero la humillación del prepotente siempre me alegra el día.
Otra: por orden del juez Garzón, que tiene vocación de ajonjolí de todos los moles, han detenido, entre otras figuras relevantes de la política actual o pasada, a Macià Alavedra y a Lluís Prenafeta por presunta colaboración en presunta trama urbanística o algo presuntamente parecido. No puedo evitar que me invada cierta satisfacción morbosa al ver en aprietos a esos ex peces gordos (aunque no ex gordos; lo siguen estando, y mucho) de la órbita convergent y supongo que millonetis. Y como guinda del pastel, se los llevaron hoy pa' Madrid en furgones de la Guardia Civil, lo que para ellos debe de ser el castigo más degradante imaginable. De nuevo, la humillación del prepotente.
Pero la alegría dura poco en casa del pobre, o al menos en la mía, por culpa del Pepito Grillo que llevo dentro. En el caso del triunfo del Alcorcón, Pepito me dice que seguramente no fue fruto del esfuerzo y el talento sobrehumanos de aquella gente sencilla, sino de la desmotivación o la incompetencia del equipo madridista y su entrenador. Con lo cual seguramente no me estoy alegrando del triunfo de David, sino del tropezón de Goliat. Y eso no demuestra una gran nobleza de espíritu por mi parte.
En cuanto a las detenciones, Pepito me recuerda lo que quiere decir "presunto". A lo mejor esos señores gordos y antipáticos no hicieron nada malo y les están haciendo pasar un mal rato. Lo único que no es presunto de momento es su gordura. Ni siquiera estoy seguro de que realmente sean antipáticos. Y encima voy y me regodeo de su desgracia. Aunque eso no creo que les quite el sueño. Por otro lado, ve tú a saber los intereses políticos y económicos que hay detrás de todo el asunto, y quién sabe si lo sabremos jamás. Y aunque obliguen a esos presuntos trácalas a devolver el dinero que presuntamente robaron, a mí no me va a tocar ni un quinto. O sea que mi alegría es cruel, injustificada y falsa, pues nada de eso influye realmente en mi vida diaria.
Si me disculpan, voy a comprar un DDT. A ver si encuentro uno especial para grillos.
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